Columnistas

縎acrificar, aun m醩, la justicia?
Autor: Alvaro T. L髉ez
9 de Julio de 2013


Todo hay que decirlo, aquella penos韘ima expresi髇 de un presidente cuyo nombre es mejor no recordar, que en su discurso inaugural sosten韆 que la corrupci髇 hab韆 que llevarla a sus justas proporciones

Todo hay que decirlo, aquella penosísima expresión de un presidente cuyo nombre es mejor no recordar, que en su discurso inaugural sostenía que la corrupción había que llevarla a sus justas proporciones, tenía visos de no poder ser superada por nadie ni por nada. Parecía el anuncio del inicio del apocalipsis nacional, pero la máxima indicaba que ya había comenzado hacía mucho. Nadie se asombró de lo dicho por el recién posesionado, hubo los habituales chistes, pero nada más. Todos sabíamos que dicha por una ignorancia crasa o por una desfachatez supina, la sentencia reflejaba el panorama patrio. Pero no hemos llegado a los límites de las acciones que desdibujan el estado, que desvían los actos de poder público, que se instituyen como la gran burla de los colombianos.


  Pero si al dicho comentado siguió es más monumental desorden nacional, tenemos que preocuparnos por lo que seguirá después de que el presidente Santos sentenció que si queremos la paz tenemos que sacrificar la justicia quien sabe cuánto. Si esto se relaciona con el proceso de paz que estamos patrocinando en Cuba, es muy posible que, de firmarse un acuerdo con las narco guerrillas colombianas, tengamos a alias timochenco en el gabinete ministerial y  que muy rápidamente alias catatumbo o simón trinidad  lleguen a la presidencia. Este presidente debe estar pensando entregar el ministerio de justicia a los guerrilleros, para que ellos decidan quien es decente y quien no lo es; y el  de defensa para que los héroes de la Patria terminen siendo los habitantes de los calabozos y de nuevo ellos detenten las altas dignidades.


Quien sabe que entenderá el señor Presidente con aquello de sacrificar la Justicia. Daba la impresión de estar lo suficientemente desdibujada por algunos operadores y funcionarios que la tomaron como patrimonio personal para perseguir, señalar, condenar y absolver, de acuerdo con las circunstancias. Lo que queda está en peligro, pues parece que los principios sobre los que colombianos fundamos y hemos sostenido el país, están por sufrir todavía más violaciones, más detrimentos. No está contento el señor Presidente con todo lo ha costado en dólares el proceso, con todo lo que se ha gastado manteniendo a unos asesinos que trafican, asesinan y secuestran sin compasión, y a una burocracia inútil, en la farsa proselitista de los llamados diálogos de paz.


¡Sacrificar  la justicia! ¿Qué sigue señor Presidente? Solo se puede pensar en que se excusará a los guerrilleros de los delitos de lesa humanidad que han cometido; que no tendrán que devolver a los militares secuestrados; que la paz será la patente e corso, una especie de legalización, para seguir traficando y matando; que las fuerzas armadas tendrán que responder por las bajas ocasionadas a los malos. Definitivamente somos un país aguantador, rayano en la indolencia, en el que los gobernantes pueden hacer y deshacer impunemente. Lo peor es que a menos de un año de las elecciones presidenciales, no se ven figuras serias y confiables entre los candidatos, para  reemplazar lo actual. Así que se vislumbra otro cuatrienio con más de nada.