Columnistas

Más que vínculos biológicos
Autor: Omaira Martínez Cardona
3 de Junio de 2013


Hace unos días escuché una historia de un adolescente que en su relato en la clase de Proyecto de Vida, contaba cómo había descubierto que consideraba como a su verdadero padre no a quien lo había fecundado biológicamente,

Hace unos días escuché una historia de un adolescente que en su relato en la clase de Proyecto de Vida, contaba cómo había descubierto que consideraba como a su verdadero padre no a quien lo había fecundado biológicamente, le había dado el apellido y a quien  veía con poca frecuencia, sino al  compañero actual de su madre que sin ninguna prevención y muy generosamente lo había acompañado en los momentos definitivos de su crecimiento. 


Ser padres biológicamente es una función que tanto hombres como mujeres  aspiran a cumplir, pero no todos tienen ese privilegio por distintas circunstancias. Que “la sangre llama”, que “de tal palo, tal astilla”, que “madre no hay sino una”, son creencias a las que nos acostumbraron pero que actualmente son debatidas aunque se reconozca que los factores genéticos influyen en el desarrollo. De acuerdo con cifras actuales de la Organización Mundial de la Salud, de los 210 millones de embarazos anuales en el mundo, 46 millones terminan interrumpiéndose porque no son deseados. Mucho más alarmantes aún, son las cifras de aumento de menores abandonados por los padres. Estos datos que parecen exagerados, son una  evidencia de que hace falta reflexionar sobre las diversas circunstancias que influyen en la conformación de las familias modernas.


Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la familia nuclear es el fundamento de la sociedad, pero ya no son solo los vínculos de afinidad y consanguinidad los lazos principales que la definen. Actualmente, las formas de vida familiar son diversas dependiendo de lo cultural. Cada vez son más frecuentes las familias monoparentales en las que los hijos viven solo con uno de los padres por divorcio o separación y las que se han denominado “familias ensambladas” que se integran por dos personas cabeza de hogar con grupos familiares sin vínculos de afinidad o consanguinidad.


Otra creencia tradicional es la que nos recuerda que padres no son solo quienes conciben biológicamente un hijo. Las últimas investigaciones sobre el tiempo que los padres dedican a sus hijos, arrojan resultados tan alarmantes como un promedio de 6 minutos entre semana, de lunes a viernes porque no hay tiempo para compartir. No quiere decir esto que el problema de falta de una comunicación y educación adecuadas se base solo en cantidad de tiempo, pero sí en la calidad de los momentos compartidos así como en la construcción de confianza en la relación de parentesco. No todos los padres saben responder cuál es el color preferido de sus hijos o el sabor del helado que más les gusta, el nombre del profesor (a) que más admiran, o los miedos o temores de sus hijos frente a la vida. Es de las situaciones vividas juntos, unas mejores que otras, de las que los hijos aprenden las lecciones y maduran para afrontar y tomar decisiones sobre circunstancias que casi nunca vivirán ni resolverán de la misma manera que lo hicieron sus padres. 


Aunque no se haya sido padre o madre biológicamente y se integre una familia ensamblada, debe reconocerse que en muchos casos, son esos otros miembros del grupo familiar quienes asumen la verdadera responsabilidad de ser padres. La maternidad y la paternidad son privilegios que aparte de amor, requieren de convicción, preparación, paciencia, aceptación, respeto por los otros y mucha capacidad de entrega.