Columnistas

“Bajo el cielo antioqueño”
Autor: Mariluz Uribe
3 de Junio de 2013


Como prometí, hablaré de la vieja película, proyectada en el Festival de Cine de 1999. Impactantes el blanco y negro, y el silencio con los textos escritos.

Como prometí, hablaré de  la vieja película, proyectada en el Festival de Cine de 1999. Impactantes el blanco y negro, y el silencio con los textos escritos. La presentación con títulos, parlamentos, en elegantes marcos, trajo la nostalgia de épocas sin afán, que pasaron, y que no volverán.


Eran los felices y rugientes Años Veinte, pasada la primera guerra mundial. Los hombres se afeitaron la barba, las mujeres se maquillaron, las cejas se delinearon, las bocas rojas se ensancharon para decir “oh querido” y lanzar una bocanada de humo.


Comenzaba el cine en el mundo. En Medellín don Gonzalo Mejía y Arturo Acevedo se lanzaron a crear el primer largo metraje colombiano.


Fue hacia 1924. Todos sus amigos les colaboraron, principiando por su esposa: Alicia Arango a quien puso a hacer el papel de hija suya. Lía Restrepo de Vélez, hacía de tía, pues la heroína era huérfana de madre. Berta Hernández, la señora del Presidente Ospina, es la tanguista que baila en las terrazas del Hotel Europa.  Eduardo Uribe, mi tío el del periódico El Diario, es el “malo”. Harold, Norah y Elsy Maynham, ingleses paisas....


Lo primero que se aprecia es la diferencia con el cine de hoy, con la vida de hoy. En las expresiones, gestos, el manejo corporal, los coqueteos. Los textos románticos y seductores.


La decoración acertada y deliciosa para mirar hoy, ambientes con muebles de esos que traían de Europa y llegaban a Medellín a lomo de mula. La belleza de las fincas y la alegría y tranquilidad de los campos de la montaña. Cosas que ya no se ven. 


La ropa tubo, el talego estilo Charleston, cuando se cantaba “La mujer listón está de moda”, pero seductora y sensual; algo para descubrir. 


Las faldas se acortaron. Las mechas se cortaron. Adiós al corsé y los rellenos de  trasero,  Se usaban la elegancia y el porte, el desafío.  


Mujeres de entonces, no esclavas de sus cuerpos, seguras, ya olían a liberación. Ya no más mujeres con cabellos largos e ideas cortas como había dicho Schopenhauer. 


Con el desafiante sombrerito calado, los zapatos abrochados con correa y tacones anchos para dar pasos firmes. Abandonaron el ¨se bella y cállate¨, que pregonaban los franceses. 


Las liberacionistas estadinenses, con Carrie Chapman-Catt y Anna Howard Shaw, obtuvieron el voto con la Enmienda 19 de su Constitución. 


En la película llaman la atención como contraste, las monjitas perfectas  que tenían por oficio vigilar a las niñas que hacían cosas terribles como subir a los árboles o clavarse en un charco de agua con aquel inmoralísimo chingue cuya tela se pegaba al cuerpo.


Los caballeros, de sombrero, se descubrían al paso de las damas o al entrar en algún lugar cerrado. Así un ladrón cuando es detenido y llevado a la Comisaría se quita su gorra, claro era mi tío Eduardo Uribe, hasta para hacer de pillo había que mostrar clase. 


La película nos cuenta la historia de una joven huérfana de madre que sale del colegio y va a vivir en la casa de su padre y su tía. Un joven “bien” la pretende, pero ella se enamora de uno bohemio y buena vida. Como no les permiten casarse, deciden fugarse, pero al ir a tomar el tren, ella se arrepiente y vuelve a casa de su padre. Finalmente, recurren al truco de que ella, aparentemente, se casa con un caballero inglés, pero en realidad es un matrimonio por poder y se está casando con el amor de su vida.


Se aprovecha esta historia de amor para meter unas buenas cuñas sobre la empresa en Antioquia. La ganadería, minería y agricultura. El café y el cigarrillo: Pielroja, su fama vuela de boca en boca. Cada Victoria es un Placer. Debajo de un sicomoro ella y yo con Picodeoro. 


Además, buen énfasis en las buenas relaciones entre empleados y patrones. Maravilloso.