Columnistas

¿Los heterosexuales al clóset?
Autor: Rubén Darío Barrientos
23 de Mayo de 2013


Dice la dogmática Florence Thomas, en uno de sus telegrafiados artículos (El Tiempo, 24 de abril de 2013), que “Matrimonio es una palabra para erradicar del diccionario amoroso”.

Dice la dogmática Florence Thomas, en uno de sus telegrafiados artículos (El Tiempo, 24 de abril de 2013), que “Matrimonio es una palabra para erradicar del diccionario amoroso”. Y con ganas de estropicio, remata con lo siguiente: “Más bien, les propongo que nos ayuden a desordenar ese viejo vocablo”. La feminista francesa, la mismísima que dice con sarcasmo que “ser mujer no es ser mamá”, ataca inmisericordemente a los heterosexuales que hemos acudido al matrimonio como una forma de realización en pareja y que creemos en esta figura porque sentimos atracción y queremos vivir el amor. 


Entretanto, el iconoclasta Fernando Vallejo, desde México y en otra de sus irreverentes entrevistas (El Tiempo, 3 de mayo de 2013), afirma que “Lo que urge es acabar con el heterosexual y la paridera”. Ya la persecución no es solo contra los heterosexuales –a quienes nos declara blanco de sus odios– sino también contra la procreación, léase los hijos, que son felicidad a borbotones y alegría de los hogares que hemos optado por hacerlos venir a este mundo como una decisión de vida. En esa carambola biliosa, el provocador hombre de las letras, merece una pregunta: ¿Y el respeto por la diferencia?


Como si fuera poco, leí un concepto del psicólogo de la Universidad de Clark, Abbie Goldberg, que reza: “Los hijos criados por homosexuales son más respetuosos a la discriminación y más sensibles con las personas. Además, los heterosexuales tienen una tasa del 50% de hijos no deseados y los homosexuales una tasa cercana a cero. Por lo tanto, son mejores padres los homosexuales que los heterosexuales”. En radio, había escuchado de labios de un profesor español, más o menos que las parejas homosexuales ofrecen un ambiente familiar excelente porque fueron educadas con base en la tolerancia, mientras que los heterosexuales viven un mundo más estresante, porque fueron formadas en hogares acostumbrados al conflictivo. 


La verdad es que se va uno saturando de estas críticas despiadadas en contra de quienes profesamos gusto por la pareja heterosexual. Y es que para defender la postura homosexual no debe resultar menester volver chicuca a los de la otra orilla y menos despotricar de su elección. Por internet, encontré un artículo de un señor Fernando Cavanillas de Blas, quien defiende a ultranza la institución del matrimonio (hombre-mujer, exclusivamente) y propone que ‘Gaymonio” podría ser una expresión adecuada para parejas masculinas y “Lesbimonio”, sería bien decidor para parejas femeninas. 


Por ahora, el debate en Colombia sobre la unión homosexual, se circunscribe a estas expresiones: “matrimonio igualitario”, “vínculo marital” y “vínculo contractual solemne”. Comparto la aseveración del inigualable Jaime Jaramillo Panesso, quien expresó (El Mundo, 25 de abril de 2013), que “el matrimonio entre parejas del mismo sexo no es lo más importante en este país, sino que es un tema secundario que absorbió la prensa y unos grupos que son minoritarios”. Transido de tanta ridiculización, se colige que los homosexuales quieren mandarnos a los heterosexuales al clóset. ¡Mamola!