Columnistas

El consumo ético
Autor: Hernán Mira
22 de Mayo de 2013


“Una ética del consumo que intente responder a la pregunta ‘qué se debería consumir, para qué se debería consumir y quien debería decidir lo que se consume”

“Una ética del consumo que intente responder a la pregunta ‘qué se debería consumir, para qué se debería consumir y quien debería decidir lo que se consume” en estas sociedades en las que se afirma que toda persona es de igual valor, tiene que tener en cuenta las dos grandes dimensiones de la moral, esto es, que el consumo debe ser justo y  propiciar a las personas una vida buena, este es el planteamiento de la reconocida filósofa española Adela Cortina, autora de varios textos de ética 


Muy poco se trata entre nosotros este tema del consumo ético, cuando debería ser relevante en este país que triste y vergonzosamente  es uno de los más inequitativos del mundo. Se ha vuelto ahora a pensar seriamente en él, a partir de la espantosa tragedia en una fabrica textil en Bangladesh que causó 1.127 muertos, por el derrumbe del edificio que no tenía las mínimas medidas de seguridad. Los bengalíes son los trabajadores peor pagados del mundo –un salario mínimo de 38 dólares mensuales- y no se les permite formar sindicatos.   Estas inicuas condiciones laborales son las que el papa Francisco ha denunciado como ‘trabajo esclavo’.


Al desmesurado consumo de las sociedades industriales, se le señala y critica por privar a los individuos de la libertad. Para uno de sus críticos, Marcuse, existen dos tipos de necesidades: ‘verdaderas’, las vitales como alimentación, vivienda, vestido, etc., y ‘falsas’, impuestas por fuerzas sociales que nos reprimen y perpetúan la miseria y la injusticia. ¿Cuántas veces nos dejamos llevar por esas necesidades ‘falsas’, por el miedo a la falta de estima social y al aislamiento que nos lleva a  comer, alojarnos, vestirnos como la clase más alta?


Sobre las dos condiciones fundamentales que debería tener el consumo ético, señala Cortina, que el consumo justo según Knobloch, se da cuando las personas aceptan la norma minima que todos puedan consumir sin dañar la sociedad ni el medio ambiente. Si una forma de consumo es justa, se debe poder universalizar, es decir, ser valedera para todos. Se deben fomentar organizaciones, dice, preocupadas por consumo justo o ético, que adviertan qué productos producen daño social y están vedados en una sociedad que pretenda ser justa, a la vez que potenciar una opinión pública crítica que debata sobre el mejor consumo que no atenta contra la sostenibilidad social y medioambiental.


Sobre el ítem que el consumo debe proporcionar una vida buena, dice la filósofa que se debería cambiar esa estúpida presunción o ‘chip’, empeñada en identificar la felicidad con el gran consumo del mercado y optar por la calidad de vida y no la cantidad de productos, una cultura de las relaciones humanas, disfrutar la naturaleza, el sosiego y la paz, dice, reñida con el consumo ilimitado


CODA. Algunas preguntas para el consumo ético: ¿Para qué quiero ese producto? ¿Cómo puedo necesitar menos? ¿De qué está hecho? ¿De dónde viene? ¿A qué empresa favorezco escogiendo esta marca? ¿Cómo lo debo usar para que dure? La respuesta a estas preguntas es un indicador si el consumo es más o menos ético.