Columnistas

Apuntes políticos
Autor: Alberto Maya Restrepo
20 de Mayo de 2013


Tratando de interpretar lo que dijo un oyente de La W radio, la situación política de Santos puede resumirse así: para él, el Partido Liberal es su primer y único amor; el Partido Conservador es su “amiguita” a la que acude a solicitar favores,


Tratando de interpretar lo que dijo un oyente de La W radio, la situación política de Santos puede resumirse así: para él, el Partido Liberal es su primer y único amor; el Partido Conservador es su “amiguita” a la que acude a solicitar favores, a cambio de puestos; el Partido de la U es el paraguas debajo del cual se escampa para llevar esa vida, y los otros partidos, como el Polo, a veces sí y a veces no le acolitan sus estrategias.


Simón Gaviria, joven liberal y presidente de su colectividad, pero, a la vez, representante de una nueva generación del sectarismo de antaño (o ni de tan antaño), dijo que: “la paz es liberal”, o sea, al mejor estilo de su inspirador Alfonso López M. Ha de recordársele al expresidente de la Cámara, que no lee o cuando lee no entiende los textos, como el de la tal reforma a la justicia que sometió a votación así no más, que al respecto en su momento anotó el doctor Belisario Betancur: “No. La paz es nacional”.


Como Santos no se estará preparando para desempeño laboral una vez deje la Presidencia, al exhibirse manejando Jeep en el Eje Cafetero, bus en la Costa y patrulla de la Policía en Medellín, pues esos oficios no cuadran con su estrato 25, entonces cabe la posibilidad de que, más bien, lo que hace con esas “manejadas” es populismo reeleccionista, en vez de sentarse a trabajar a conciencia por el país, al que problemas no le faltan y sí mucho liderazgo.


La reforma a la salud propuesta por el ministro Gaviria no sé si es buena, regular o mala. Como ejercicio de redacción de textos sí es sobresaliente. Ahora bien, estando de por medio su jefe, Santos, es en donde empiezo a no comprender el sentido último de esa reforma. Quitarle a particulares ineptos y corruptos el manejo de dineros destinados a la salud de los colombianos es buena idea, pero pasarle ese oficio a un gobierno (como el actual o como posteriores igualmente malos) no deja de ser riesgoso porque pocas cosas más peligrosas que un gobierno populista y dadivoso (al estilo del chavismo, el del “nuevo mejor amigo”) repartiendo subsidios y regalos tomando recursos de todas partes, incluidos en este caso los de la salud, para poder cumplir con promesas hechas por todo lado. Mientras los niveles de corrupción sean los que exhibe el país, hay que ser prudentes al legislar, particularmente en tiempos preelectorales y con un Jefe de Estado en abierta campaña política por su reelección. ¡Qué difícil separar lo uno de lo otro y contando con acólitos como Simón Gaviria M.!


Los cambios pueden ser provechosos o no, dependiendo de los móviles que se tengan para hacerlos. Una actitud reformadora sin un plan estructurado suena a simple rompimiento con el pasado. Este gobierno ha emprendido cambios que le han resultado papeletas que le han estallado en la mano. La reforma a la educación llevada al Congreso, tan cacareada pero tan mal presentada a la comunidad a la que tocaría, hubo de ser retirada y hasta hoy nada ha pasado y se sigue operando bajo las normas que se estima deben cambiarse con urgencia. No hay plan ni derrotero de gobierno. La reforma a la justicia la recordaremos por muchos años porque fue el producto del abuso del gobernante de turno de su mesa de unidad nacional. ¡Qué oso tan enorme! No hay plan ni derrotero de gobierno. Una reforma tributaria que, aunque compleja y que ha traído muchos cambios, no resuelve el asunto de fondo: una legislación tributaria que es una colcha de retazos. No hay plan ni derrotero de gobierno. Estimo que Juan Manuel Santos debe pensar en ganarse con trabajo, con coherencia, con un plan de gobierno, la reelección, más no a punta de promesas, de improvisaciones, de “planes de choque” y de una idea fija de ser liberal para borrar todo vestigio de sus antecesores, apuntalado en una unidad nacional que parece, por el contrario, un club de aprovechados de los favores burocráticos. Samper y Piedad son quienes ahora lo apoyan; ¿ironía?