Columnistas

Crimen de lesa tanguitud
Autor: Rodrigo Pareja
30 de Abril de 2013


Señores Concejales: La mayoría de ustedes no tienen por qué saber de tango, algo que en nada demerita su dignidad


Señores Concejales: La mayoría de ustedes no tienen por qué saber de tango, algo que en nada demerita su dignidad, pero por eso mismo no pueden dejarse meter el dedo en la boca por algunos vivos que quien sabe con qué torcidas intenciones, les han propuesto a ustedes reformar lo que ya está vigente sobre el Festival Internacional del Tango.


Un nuevo acuerdo, el #57, copia exacta del acuerdo #65 de 2005, -al cual únicamente, en un alarde de sabiduría se le agrega n estas tres palabras … y sus afines ... - pretende, en el mayor exabrupto que pueda imaginarse, incorporar al festival dizque la ranchera argentina, el pasodoble argentino y el fox trop (sic), según su autor, ritmos afines al tango.


Con lo anterior lo único que se pretende es darle patente de corso a una serie de agrupaciones o conjuntos mediocres para poder actuar, sin ningún mérito ni categoría, amparados en el nombre, bueno, regular o malo, que ya tiene el festival del tango.


¿Quien le dijo al promotor de semejante idiotez que hay un pasodoble argentino? Una cosa es que orquestas como las de Enrique Rodriguez, Adolfo Carabelli o Rafael Rossi, para citar algunas, interpreten pasodobles, y otra muy distinta que este ritmo sea del sur del continente.


Si conjuntos panameños o venezolanos interpretan bambucos y pasillos colombianos, ¿podrá decirse, con algo de realidad y seriedad, que hay bambucos y pasillos panameños o venezolanos ? 


Qué sentido tendría que en un festival del tango, por ejemplo, alguien interprete ese bodrio de Pinocho:…”Hasta el viejo hospital de los juguetes/ llegó el pobre Pinocho mal herido/…


Gardel, Troilo, D’ Arienzo, Magaldi, Canaro, Cadícamo, Manzi, Discépolo, Expósito y miles más de cantantes, directores, poetas y compositores se revolverían en sus tumbas y abominarían hasta el cansancio de Medellín y su falsa careta tanguera.


Ni en Granada, España, donde se hace tal vez el mejor festival de tango del mundo; ni en Dinamarca, Suecia, Estados Unidos, Polonia o Finlandia, sedes también de certámenes de este tipo, y mucho menos en La Falda o Trenque Lauquen, en la mismísima Argentina, se les ocurrió o se les ocurrirá a sus organizadores la descabellada idea de querer asimilar el pasodoble al tango.


Solo aquí, donde priman intereses distintos y no los de fortalecer el tango, acaban de salir con tal babosada, seguramente pensando en que algunos conjuntos mediocres o pésimos queden habilitados mediante la patraña, para actuar en deprimentes espectáculos.


De lo que se trata es de engrandecer el tango, afianzarlo aún más en la memoria y el gusto colectivos y de verdad hacer algo por mejorar lo que hasta ahora se ha realizado en estos festivales, y no disminuirlo y reducirlo a unas presentaciones ridículas y mentirosas, más acordes con cualquier pueblito olvidado que con Medellín.


El reconocimiento que la ciudad tiene en estos menesteres tangueros sí que se vería seriamente disminuido de llegar a prosperar esta audacia, impulsada por negociantes ávidos de ganancias, abusadores de la amistad con algunos concejales y del poco conocimiento que ellos tiene sobre la materia.


Darle vía a semejante estupidez para saciar los intereses mercantilistas de algunos, es convertir el Festival Internacional del Tango de Medellín, que algún renombre ya tiene en el concierto tanguero mundial, en un espectáculo de carpa de circo pobre, propicio apenas para cualquier villorrio y no para la capital antioqueña.


Concejales: en sus manos está que lo hecho por esta música, declarada por la Unesco el 30 de septiembre de 2009 patrimonio cultural de la humanidad, no la conviertan en basura y la prostituyan unos mercaderes que solo buscan lucrarse abusivamente del posicionamiento logrado por el Festival Internacional del Tango de Medellín.