Columnistas

Gabinete (IN) Maduro
Autor: Rubén Darío Barrientos
25 de Abril de 2013


Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: que Nicolás Maduro designara y revelara su gabinete ministerial.


Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: que Nicolás Maduro designara y revelara su gabinete ministerial. En un acto populista y de show manifiesto, el presidente Maduro señaló en primer lugar que nombraba a Alejandra Benítez, como ministra de deportes. Benítez es una venusta esgrimista de 33 años, odontóloga y modelo que ya hizo polémicos desnudos en el país vecino, antes de los juegos de Londres. Por su trayectoria deportiva, existen méritos para el reconocimiento, pero sucede que lo que enloqueció a Maduro fue la frase de combate de la deseada mujer: “El deporte en Venezuela se divide en antes y después de Chávez”. Y ahí cayó doblegado a sus pies.


Vino luego la designación del ministro del interior, en cabeza del general Miguel Rodríguez. Está encasillado en la “Lista Clinton”, pero eso no le importa al nuevo mandatario. Y es que con ese nombre y apellido apenas es normal que tenga problemas con los gringos. Pasa de manera meteórica de ser de la policía secreta a un cargo en el alto gobierno. Nadie le reconoce charreteras para el puesto, pero ahí quedó atornillado. Bien gracioso es el hecho de que haya nombrado a la almiranta Carmen Meléndez, como encargada del despacho de presidencia y vaya a manejar la oficina anti-corrupción. Sí, anti-corrupción. Cualquier veneco decente diría: ¿Y eso con qué se come?


El ministro de vivienda, Ricardo Molina, acuñó esta frase recientemente como su lustrosa carta de presentación: “Me tienen sin cuidado las leyes laborales y estoy dispuesto a despedir a los empleados que no sean chavistas”. Y eso mereció premio, por supuesto. Dividió al ministerio de finanzas, para aumentar la burocracia. Ratificó al vicepresidente actual (Jorge Arreaza), cuya chapa es ser yerno de Chávez. Y mantuvo al chavista triple A, Rafael Ramírez, como ministro del petróleo. Dijo que la “caja mayor” de Venezuela tenía que estar en un hombre con todas las garantías de lealtad al chavismo. 


Designó en turismo a Andrés Izarra, exdirector de Telesur. Estaba por fuera del gabinete y Maduro lo buscó como loco hasta que lo encontró. Reenganchó a Jesse Chacón, quien con su hermano Arné estaban cuestionados por apropiación de fondos públicos. Eso le resbala a Maduro. También le dio burocracia a Wilmer Barrientos, general de la guardia nacional, a quien le inventó un cargo: director en jefe del sistema eléctrico. Premio a la lealtad a Chávez de este personaje, que da un salto canguresco en el gobierno.


Nombró muchos ministros por debajo de los 40 años, sin recorrido político, pero leales a Chávez. Allí, en esa galería de ilustres desconocidos, hallamos: geógrafos y músicos, y el engendro de Maduro es que la juventud chavista los vea como espejos revolucionarios. Y como si fuera poco, bautizó seis jefaturas de regiones, para designar ex ministros de Chávez. No podía terminar su discurso y chorrera de nombramientos, sin dos noticias propias del populismo: Maradona dará talleres en ese país sobre balompié y Venezuela alcanzará títulos mundiales en por lo menos cuatro deportes.


Lo que uno no entiende es que a toda hora se invoquen, llamen y recojan los ecos de Chávez. Eso es Chávez por aquí, Chávez por allá. No hay autoestima, no hay construcción del Madurismo. Hay un talismán y amuleto que es Chávez. ¿Hasta cuándo durará el mito y hasta cuándo gobernará la leyenda?