Columnistas

La responsabilidad social empresarial
Autor: Pedro Juan González Carvajal
23 de Abril de 2013


Cada vez se escucha con mayor frecuencia y con mayor fuerza, el hablar de la responsabilidad social empresarial, suyas siglas RSE comienzan a marcar diferencia y a influir en los criterios de decisión de los potenciales clientes y grupos


Cada vez se escucha con mayor frecuencia y con mayor fuerza, el hablar de la responsabilidad social empresarial, suyas siglas RSE comienzan a marcar diferencia y a influir en los criterios de decisión de los potenciales clientes y grupos de decisión a lo largo y ancho del planeta.


El desarrollo planetario y los efectos de la globalización han colocado en la palestra a las corporaciones y a las empresas, que en un número cada vez mayor, con sus desarrollos, asumen posturas que en su conjunto, compiten de manera cada vez más cercana con los Estados, lo cual conlleva una enorme responsabilidad con las distintas dinámicas del planeta.


Una empresa socialmente responsable se compromete en sacar adelante su objeto social teniendo en cuenta la sostenibilidad del planeta y la corresponsabilidad que  tiene con el buen vivir de los distintos tipos de públicos que de manera directa o indirecta se relacionan con ella.


Algunos por convicción, y otros por pragmatismo, encuentran en las certificaciones internacionales que los acreditan como empresas socialmente responsables, una excelente carta de presentación cuando de compromiso con el planeta se refiere.


Algunas de las acciones relacionadas con la responsabilidad social empresarial, son: La protección del medio ambiente, especialmente con lo que tiene que ver con el reciclaje, la reducción del consumo y la reutilización de materiales empleados, así como el compromiso con la sostenibilidad planetaria. La consolidación del Estado, a partir del respeto y apoyo a sus decisiones y compromisos. El mejoramiento comunitario, es decir, los esfuerzos encaminados a mejorar la igualdad de oportunidades para los miembros de la comunidad y para la comunidad misma. La responsabilidad con clientes y consumidores, garantizando como elemento básico que la promesa de valor sea cumplida y que los estándares de calidad sean alcanzados. Con la competencia para que los esfuerzos empresariales redunden en una mejor calidad de ofertas para los consumidores, dentro de un espíritu de sana competencia. Con los empleados, como elemento sustantivo del quehacer empresarial, para que logren alcanzar sus objetivos individuales a la vez que se ayuda a alcanzar los objetivos organizacionales. Y con los dueños, con la garantía de que sus recursos se están empleando adecuadamente, generando utilidades, y siendo socialmente responsables. 


Como podemos observar, paulatinamente los miembros del planeta tierra vamos comprendiendo, ojalá no demasiado tarde, que solamente entre todos podremos salir de las enormes encrucijadas de todo tipo ante las cuales hoy nos vemos enfrentados.


Falta poco tiempo, un poco menos de dos años para que se cumpla el plazo fijado para sacar adelante los llamados “Objetivos del milenio”, que con bombos y platillos fueron suscritos por todos los países miembros de la ONU.


Nada más frustrante que su no cumplimiento, ya que fueron todos los gobiernos de todos los países quienes los acordaron y firmaron. En caso de incumplimiento, ¿Quién asumirá la responsabilidad? ¿A quién le reclamamos? ¿Serán alcanzados posteriormente o serán simplemente ignorados?


Esperemos que esta esperanza de todos los terrícolas no sea una nueva frustración.


Retomemos un pensamiento administrativo moderno: “En un mundo tan mediático como el actual, tan importante es hacer las cosas bien, como hacerlas saber”.