Columnistas

El miedo en política
Autor: Hernán Mira
10 de Abril de 2013


“El miedo sirve, con mucha intensidad, para poner de manifiesto las lagunas o los excesos de poder político o religioso” Pierre Mannoni


“El miedo sirve, con mucha intensidad, para poner de manifiesto las lagunas o los excesos de poder político o religioso” Pierre Mannoni


Decía recientemente el ex presidente Uribe, en un reportaje radial, que no le pasaba al teléfono al presidente Santos porque le daba miedo. Eso tal vez lo dijo medio en serio, medio en charla. Pero recordemos que estos chistes no dejan de tener una relación con lo que en el fondo piensan o guardan las personas en su inconciente. El hecho claro es que Álvaro Uribe, ha recurrido y echado mano al miedo –no tanto al propio como al de las masas- para imponer sus ideas políticas a un pueblo, al que precisamente una mayoría de políticos politiqueros no le han permitido una formación ciudadana y política sana, adecuada y de primer nivel como se merece.


Cuando el poder es débil o, al contrario, opresivo, y cuando quienes lo detentan transmiten una imagen debilitada de si mismos o su cargo, vacilante u opresiva, un gran malestar se apodera de la masa que tiene puesta su mirada en ellos. Tanto el vacío de poder como el autoritarismo son factores evidentes de inestabilidad social. Los individuos se quedan sin sus puntos de referencia y la angustia se apodera de ellos, que es canalizada por quienes recurren a propagar el miedo como mecanismo de dominación.


En muchas épocas de la historia ha existido ese “terror despotico” denunciado por Montesquieu en el régimen de Luis XIV. El miedo político es uno de los grandes recursos para mantener el Estado unido. El terror avasalla el individuo despojándola de sus virtudes, así es presa de la dominación política total. La solución, para Montesquieu, sería la distribución tripartita de poderes que ayudaría al pueblo a limitar los apetitos atemorizantes del príncipe. Esto en muy buena parte, es lo que hemos vivido en los ocho años del régimen anterior, donde la aplanadora de Uribe impuso sus condiciones y ahora no se resigna a haber dejado el poder.  


El miedo en política siempre aparece y se multiplica cuando los hombres se dejan absorber y llevar por la masa, cuyos intereses son sacrificados a favor de un líder. Sin expectativas, política u objetivos, la masa tiene una personalidad muy pobre e inmadura dominada por la anomia y el desarraigo. Esta desorganización es muy funcional para los intereses de los caudillos totalitarios –caso Uribe- quienes brindan, así sea temporalmente, un alivio a la ansiedad que produce el aislamiento. Hannah Arendt, planteaba la tesis que la masa era el motor fundamental de la tiranía moderna y que la ansiedad como el miedo o el terror, era el combustible –caso Hitler, por ejemplo-.


Gobernantes totalitarios como Stalin, también recurrieron a fomentar esa ansiedad, pues la ansiedad en la masa era el resultado de perder esa identidad personal, lo que produce un fuerte movimiento a favor del terror totalitario. Con ese miedo avasallante, dice Arendt, se despoja a los actores de la responsabilidad ética y moral. No es el miedo, entonces, a pasar al teléfono; es difundir el miedo en la política como instrumento de dominación.