Columnistas

Orinoco, ramsar y minminas
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
5 de Abril de 2013


La Convención sobre los humedales (Ramsar) es un tratado intergubernamental que ha servido de marco para la acción nacional y la cooperación internacional que busca la conservación y el uso de forma racional de los humedales y sus recursos.


La Convención sobre los humedales (Ramsar) es un tratado intergubernamental que ha servido de marco para la acción nacional y la cooperación internacional que busca la conservación y el uso de forma racional de los humedales y sus recursos.  El tratado fue adoptado en la  ciudad iraní de Ramsar en el año de 1971 y entró en vigor en 1975 siendo el único tratado global con una función muy bien definida en cuanto a la protección y manejo de este tipo de ecosistemas.


Los humedales juegan un papel fundamental en los ecosistemas ya que por su capacidad de absorción actúan como una esponjas que retiene el exceso de agua en las temporadas lluviosas reservándolas para las temporadas secas haciendo las veces de reguladores de las crecientes de ríos y quebradas; aportan agua a los acuíferos, regulan los niveles freáticos, alberga muchas especies de aves, muchas de ellas en vías de extinción o, en su defecto, hace las veces de albergue transitorio para las migratorias; reducen la contaminación puesto que sus plantas lacustres retienen sedimentos, metales pesados y hacen las veces de digestores de la materia orgánica entre muchos otros beneficios.


Actualmente son 164 los países signatarios entre los cuales está nuestro país que ha suscrito “La Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas» con el Sistema Delta Estuarino del Río Magdalena, la Ciénaga Grande de Santa Marta (1998),  la Laguna de la Cocha (2001) y el Delta del Río Baudó (2004) que representan 447.888 hectáreas silvestres protegidas, una cifra muy baja puesto que Colombia cuenta con 20.252.500 hectáreas representados por lagos, pantanos y turberas, ciénagas, llanuras y bosques inundados.


Europa cuenta  a la fecha con 1011 Sitios Ramsar (48%) de los 2098 declarados, no obstante siendo este continente un lugar más pequeño con relación a América donde la densidad poblacional ha desatado una gran pérdida de humedales, especialmente por acción de la minería y la construcción.


¿Y por qué todo este cuento? Pues porque la llamada Estrella Fluvial de Inírida, donde nace el Gran Orinoco, entre los departamentos de Guainía y Vichada y que hace recorrido para convertirse en Sitio Ramsar, le asiste un peligro inminente de caer en las manos de las transnacionales mineras con la anuencia del Ministerio de Minas en cabeza Federico Renjifo, quien ha emitido un concepto (aunque no vinculante) que tiene frenada la declaratoria, ya que en las  profundidades de este mágico lugar se esconden riquezas minerales significativas. Dice el Ministro: “existe un potencial muy importante en la zona en materia minera. El Servicio Geológico Colombiano ha identificado allí una fuente importante de minerales estratégicos que no pueden desconocerse, con capacidad para ser explotados adecuadamente, bajo rigurosos estándares de cumplimiento ambiental y social”.


La locomotora de la minería propuesta por el gobierno tiene los ecosistemas del país sometidos a una persecución despiadada por corsarios y filibusteros tanto locales como internacionales.  ¿A qué se refiere el  jefe de la  cartera de minas cuando anuncia  que las riquezas minerales de este paradisiaco lugar pueden ser explotadas adecuadamente y con rigurosos estándares de cumplimiento ambiental y social? 


En Colombia no se ha desarrollado ninguna explotación bajo esos criterios que señala el Ministro Renjifo y las evidencias están al orden del día: ríos contaminados, pueblos en absoluta miseria, bandas de criminales al acecho de los mineros ilegales y las empresas legalmente constituidas, bares, cantinas, prostitutas, enfermedades dérmicas y respiratorias, alteraciones genéticas y un largo etcétera.


Un buen amigo un día me dijo: “piensa mal y acertarás”.  Me pregunto: ¿valdrá más ese coltán que esconde la Estrella Fluvial de Inírida que toda su carga hídrica, su flora y fauna y todos sus servicios ambientales?  Piensa mal y acertarás.