Columnistas

La falta de modelos
Autor: Pedro Juan González Carvajal
2 de Abril de 2013


A riesgo de aparecer como anacrónico, me llama poderosamente la atención que en este país se siga legislando a diestra y siniestra para atender el desbordamiento de los acontecimientos y contener la presión de los usuarios


A riesgo de aparecer como anacrónico, me llama poderosamente la atención que en este país se siga legislando a diestra y siniestra para atender el desbordamiento de los acontecimientos y contener  la presión de los usuarios, mostrando una  tendencia poco racional hacia la  reformitis, sin que antes nos hayamos preocupado por definir el modelo sostenible de actuación sobre el cual se quiere legislar y aplicar recursos, para cada caso específico.


Dice el diccionario que un modelo es un objeto  que se reproduce imitándolo. Una  representación en pequeña escala.


En el país del Sagrado Corazón queremos desarrollarnos sin tener claramente determinado un Modelo de Desarrollo que oriente los esfuerzos públicos y privados, como en cualquier país del primer mundo. Tuvimos Ministerio de Desarrollo Económico, y lo liquidamos. Añoramos la época industrial y acabamos con el IFI, Instituto de Fomento Industrial. Planeación Nacional actúa sobre el Plan de Gobierno que ganó, convirtiéndolo en un Plan de Desarrollo que se agota en el cuatrenio, lo cual estrictamente hablando no es un Plan de Desarrollo, ya que éste se caracteriza, por lo menos, por su proyección en el mediano y largo plazo. 


Es claro que en este país carecemos de Modelo Económico. Si entendemos por esto, la selección consciente del sector económico que se va a privilegiar para potenciar el logro de algún resultado y la manera como se va a compensar a los otros. Para la generación de empleo se habla de privilegiar la construcción, para el desarrollo rural, la agroindustria, para el desarrollo tecnológico, la industria y los servicios. Solo un direccionamiento en este sentido permitirá establecer con seriedad, los sectores estratégicos hacia donde deben orientarse las inversiones en investigación, ciencia y tecnología, conceptos tan manoseados últimamente.


Se habla de una Reforma a la Justicia. ¡Perfecto! ¿Cuál es el modelo y tipo de justicia que se quiere implementar? ¿El anglosajón? ¿El Latino? ¿Por qué? ¿Quién lo define? ¿Cuáles son los indicadores de gestión y de impacto a lograr?


Se habla de Reforma a la Educación. ¡Excelente!  ¿Para qué queremos y debemos educar? ¿Cuál es el tipo de ciudadano que queremos formar? ¿Cuál es el Modelo Pedagógico que se quiere desarrollar? ¿Cuáles son los indicadores de gestión y de impacto a lograr?


Se habla de Reforma a la Salud. ¡Enhorabuena! ¿Queremos implementar la medicina correctiva o la medicina preventiva y familiar? ¿De dónde saldrán los recursos? ¿Se define alguna política demográfica? ¿Cuáles son los indicadores de gestión y de impacto a lograr?


Se habla de Reforma al Sistema Pensional. ¡Inaplazable! ¿Ya se tiene una política demográfica adecuada? ¿Ya se tiene un sistema económico donde el tema pensional cobije a todos los ciudadanos? ¿Qué es experiencia y que es inexperiencia laboral? ¿Cuándo alguien es inexperto y por qué no se aprovecha la experiencia? ¿Cuáles son los indicadores de gestión y de impacto a lograr?


Se habla de un nuevo Código Penitenciario y Carcelario. ¡Bienvenido! ¿Para qué este nuevo Código sin que antes se pueda garantizar una pronta y eficiente aplicación de justicia? ¿Qué se pretende que le suceda a un delincuente cuando purga su pena: castigarlo o socializarlo? ¿Cuáles son los indicadores de gestión y de impacto a lograr?


Hoy se habla de ampliar las jornadas académicas para que los estudiantes no queden “vagando” después de salir de la escuela o colegio y se dediquen a  actividades poco deseables. Recordemos que fue el doctor López Michelsen quien duplicó la jornada de los establecimientos educativos  públicos para duplicar la cobertura, con los aplausos de entonces, y con los malos resultados académicos y sociales que hoy experimentamos.


A eso se llama improvisar, ante la ausencia de modelos, y así continuaremos si no los establecemos a tiempo, trabajando de manera activista y sin dirección, y yendo como dice el dicho, “viento en popa hacia la deriva”.