Editorial

Ciudadanos, no solo auditorios
24 de Marzo de 2013


El movimiento debe ser la semilla que fortalezca o provoque el surgimiento de organizaciones de ciudadanos críticos con los contenidos de los medios de comunicación.

 


El amplio movimiento de ciudadanos independientes que se han movilizado en redes sociales para promover el retiro de los anunciantes de la serie de RCN Televisión sobre los fundadores del paramilitarismo en Colombia debe ser la semilla que fortalezca o provoque el surgimiento de organizaciones de ciudadanos críticos con los contenidos de los medios de comunicación. También, que provoque que la Autoridad Nacional de Televisión actúe como garante de los derechos de los televidentes que ha de ser.


Dos sitios en la red social Facebook, creados por ciudadanos sin vínculos con activistas de los derechos humanos o con las víctimas, abrieron las puertas a casi 16.000 personas para protestar contra el homenaje que en la serie se hace a criminales nefastos para la historia de Colombia. Los ciudadanos critican un enfoque en el que los victimarios de miles de colombianos se muestran como héroes, mientras las víctimas son minimizadas, que es el que se repite en esta clase de programas donde la conquista de seguidores es más importante que la defensa de los principios. Los activistas se han enfocado en buscar que las empresas retiren la publicidad de la serie, de manera que el productor no obtenga el objetivo económico pretendido. Siete empresas han sido receptivas a una iniciativa que ojalá no hubieran necesitado para actuar responsablemente en sus decisiones sobre pauta.


La campaña ha favorecido también las discusiones académicas sobre el impacto de estas series en los televidentes jóvenes y la cultura. Un estudio de la Universidad de Risaralda, que recoge otros realizados en Estados Unidos, señala que “la violencia en televisión hace que los niños sean menos sensibles al dolor y al sufrimiento de otros, más temerosos de su mundo alrededor y se comporten de manera agresiva con los otros”. Y el connotado académico Omar Rincón, profesor, entre otras, de las universidades Javeriana y Eafit, reclama por la identidad que construimos los medios de comunicación, al afirmar que la alta sintonía de la serie obedece a que “aquí sabemos más de narcos y paras que de democracia y derechos humanos; y es que los reconocemos como parte de las referencias culturales, pues paras y narcos han salido más en los medios con sus decires, gustos y maldades”. Es claro, pues, que los medios de comunicación no podemos pedirle a la sociedad que sea ciudadana, noviolenta y democrática si nuestros contenidos no representan esos valores.


En respuesta a este movimiento emergente, el canal RCN ha reclamado señalando que las campañas que también han hallado eco en distintos medios de comunicación, le conculcan la libertad de expresión y la libertad de empresa. Aun si se admitiera que este ejercicio libre de la expresión ciudadana presenta un riesgo en ese sentido, quedaría por discutir si el movimiento ciudadano no tiene el mismo derecho que el canal a buscar el apoyo de la opinión pública a sus tesis, y también, por supuesto, queda abierta la discusión sobre la corresponsabilidad que todos los ciudadanos compartimos en la formación y consolidación de los principios y valores consagrados en nuestra Carta Política.


Los gestores de los grupos en redes sociales, sus apoyos y quienes comentamos esta clase de intervenciones, debemos reconocer que las narco-novelas que los canales privados nacionales han convertido en sus productos estelares son apenas una parte, tal vez la más ofensiva para las víctimas, entre muchos otros programas de radio y televisión, y aún medios impresos, que apelan a la violencia, la vulgaridad y el maltrato para ganar audiencias así el país pierda potenciales ciudadanos con cada emisión.


El movimiento ciudadano que ha despertado esta serie no deja de ser, por ahora, un episodio más en la vida de los medios de comunicación colombianos. Más reales que él son las asociaciones de televidentes que esperan ser fortalecidas para lograr sus propósitos de formar públicos críticos para los medios de comunicación, de modo que la relación de los ciudadanos con los contenidos de prensa, radio, televisión e internet, trascienda la simple recepción de contenidos y logre convertirse en un diálogo constructivo entre públicos y emisores que redunde en la formación de ciudadanos democráticos y felices.