Columnistas

‘Mejor desjarretar toros que matar cristianos’
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
7 de Marzo de 2013


Don Jorge Vega Bustamante me ha enviado su “última lidia”, como él describió su libro Toros de Papel, obra en la que, con su mirada crítica sobre la fiesta brava, da una mirada sobre el arte de Cúchares.


Don Jorge Vega Bustamante me ha enviado su “última lidia”, como él describió su libro Toros de Papel, obra en la que, con su mirada crítica sobre la fiesta brava, da una mirada sobre el arte de Cúchares. Pero en esta ocasión no me entraré más allá que en la reflexión acerca del tema tratado en el apartado del que he tomado su título, para denominar esta columna. 


Pablo Pérez y Fuentes en su libro Los Toros en el Tiempo, citado por Don Jorge, dice: “En el Génesis, cuando Jacob bendice a sus hijos les dijo: “Simeón y Levi estando de malas mataron hombres y estando de buenas, desjarretaron toros”. El segundo es acto indiscutible de tauroquía. El capellán taurino González y Padilla comenta con profundo razonamiento lo útil de la actividad: “Dejemos que la humanidad desjarrete toros y no caigamos en el acto de los araucanos.”


Y es que el tema del sacrificio animal y humano va de la mano. El primero de ellos era un acto de ofrenda a los dioses, como también se manifiesta en las Sagradas Escrituras, cuando era ofrecido a Yavé: “sí lo que se ofrece como sacrificio de comunión ante Yavé es de ganado menor, se ofrecerá un animal sin defecto, macho o hembra”. En cambio el sacrificio humano ha sido una constante del odio que cunde entre nuestros congéneres, desde cuando se relata el primer fratricidio en el Antiguo Testamento, con la muerte de Abel por parte de Caín. 


Don Jorge, quién cita a Gerard Vincent: “asistiendo al suplicio del cabalero de la Barre, Voltaire confiesa que esa barbarie le obsesiona día y noche. ¿Cómo es posible que el pueblo la haya soportado? El hombre en general es un animal bastante cobarde, ve tranquilamente cómo devoran a su prójimo y parece contento mientras no lo devoren a él y todavía contempla la carnicería con el placer de la curiosidad”.


Esos ríos y mares de sangre humana que corren por todos los rincones del globo terráqueo desde épocas milenarias no han dejado de parar: Todo lo contrario, cada día en vez de disminuir la violencia se recrudece e impávidos los seres humanos dejamos que pase lo que no debe pasar.


Es mejor desjarretar los toros, que en un campo de fútbol afuera y adentro, se sigan desjarretando seres humanos por la insensatez de algunos hinchas desadaptados, como lo relató el titular de El Espectador, el pasado 4 de marzo con relación a la violencia en Armenia: “Desmanes en estadio de Armenia dejan 21 heridos”.


Todo lo contrario sucede entre los congéneres taurinos, como lo relata Don Jorge: “El instinto de sangre y lucha, propicios del ser humano, en cierta forma se cauterizan; nadie sale de una corrida con ganas de ver sangre ni pelear. Si sintió defraudado, ya insultó a la autoridad y al organizador (desfogó su ira) y si satisfizo plenamente la expectativa de triunfo, los protagonistas (toreros, ganaderos, etc.) ya los aclamó y hasta ayudó a superarlos. Se ha producido catarsis (purificación de pasiones mediante emoción estética). Solo quedan deseos de rematar con lo báquico: ¡La orgía del vino!


Mucha tinta derraman los anti-taurinos contra la fiesta brava, pero poca derraman por el desjarrete de los humanos.