Editorial

Fin a otro in鷗il paro camionero
6 de Marzo de 2013


Colombia paga de a駉 en a駉 las consecuencias de una p閟ima tradici髇 de excesiva intervenci髇 del Estado en un conflicto que surge de la repartici髇 de las utilidades de un negocio entre particulares.

 


Cualquier paro del servicio de transporte de carga por carretera, a más de absurdo desde el punto de vista económico es socialmente injusto e ilegal. Lo primero porque se trata de una actividad empresarial que se rige por la ley de oferta y demanda y es poco lo que un gobierno puede hacer para modificar esa situación; todo lo que produce son perjuicios para la economía, pérdidas para importadores y exportadores e incluso para los propios dueños de los vehículos por el lucro cesante al inmovilizar sus equipos. Y es un grave atropello social por tratarse de un servicio público, cuya parálisis, a medida que se prolonga, produce zozobra en la población, desabastecimiento y brotes especulativos con alimentos de primera necesidad y grave escasez de muchos otros bienes de la canasta familiar de los colombianos. 


Aparte de esas consideraciones, el que estalló a las cero horas del sábado pasado y terminó tras un acuerdo con el Gobierno en la madrugada de ayer, comenzó como un desafío abierto a las autoridades con el bloqueo de carreteras, entre otras la vía Cali-Buenaventura, a la altura de Loboguerrero, donde, según la Policía de Carreteras, atravesaron una docena de tractomulas, a cinco de las cuales les quitaron las llantas para impedir que fueran removidas por las grúas oficiales. 


Las exigencias eran tan descabelladas que, a la postre, tuvieron que aceptar las razonables ofertas que ya les había hecho el Gobierno y que si las hubieran suscrito el viernes se habría evitado un paro injustificado y costoso. Pretendían los dueños de camiones que el Gobierno les concediera el privilegio de pagar dos mil pesos menos por el galón de Acpm, que con el alza de marzo quedó en $8.472 pesos para los usuarios de ese combustible en el país; exigían, además, el no cobro de peajes en vías en mal estado; la suspensión de importaciones de nuevos vehículos y la eliminación de la póliza de chatarrización. El solo monto de tales concesiones las hacían imposibles, pues el hueco fiscal sería del 1,5 % del PIB, según cálculos del Minhacienda. Pero la principal razón es que el Gobierno no puede decretar un subsidio al combustible en beneficio de un grupo de particulares; ni puede violar tratados de libre comercio en relación con la importación de camiones; ni desconocer los términos pactados con los concesionarios de las vías del país en materia de peajes.  


Cobra fuerza algo que ya hemos dicho aquí, a propósito de los recurrentes paros en el transporte de carga. Colombia paga de año en año las consecuencias de una pésima tradición de excesiva intervención del Estado en un conflicto que surge de la repartición de las utilidades de un negocio entre particulares: los usuarios, las empresas transportadoras y los dueños de los vehículos. En países desarrollados y en muchos otros de parecido desarrollo al nuestro, el Estado solo interviene para proteger el bien común de eventuales abusos, sin dejarse involucrar en los pleitos que surgen de los desequilibrios entre oferta y demanda. En el caso de Colombia, tales desequilibrios se manifiestan en una sobreoferta de equipo rodante y en la casi nula colaboración de los propietarios con la política de sustitución de camiones viejos, ineficientes y altamente contaminantes. 


Para nosotros, la principal obligación del Estado es invertir en la construcción y el mantenimiento de las carreteras, a cambio de un razonable impuesto de peaje. Nadie ignora el retraso considerable que tiene el país en infraestructura vial, pero jamás se había proyectado y puesto en marcha un conjunto de mega-obras como las actuales. La doble calzada a Buenaventura es apenas una de ellas. No hay derecho a que, en un acto de presión rayano en lo delictivo, un puñado de particulares haya resuelto inutilizar esa arteria por varios días en perjuicio de todo un país. ¿Quién paga por eso?