Columnistas

La juventud invisibilizada
Autor: Dario Ruiz Gómez
18 de Febrero de 2013


Al final de su fracasado gobierno y en el Congreso de los Diputados se escuchó la voz de un joven calificando a Felipe González de traidor a la juventud.


Al final de su fracasado gobierno y en el Congreso de los Diputados se escuchó la voz de un joven calificando a Felipe González de traidor a la juventud. En el planteamiento de integración a Europa, al Psoe sólo le interesó la economía y no la incorporación de la juventud a este proceso. Para aquella burocracia ávida de enriquecimiento la tradición del humanismo occidental no contaba. Para la juventud quedaba o el exilio o modestos puestos de trabajo y se la distrajo con el aparatoso montaje comercial de efímeras rebeldías sexuales, un libertinaje dominado por los comerciantes de la droga, el simulacro del espectáculo y la ‘bestselerización’ de la literatura. La oleada de pornografía se convirtió en un abusivo negocio que alcanzó incluso a sectores de derecha. Un negocio donde se ofendió a la mujer, a la adolescencia,  y señaló el auge de la telebasura. O sea, despilfarro y sobre todo, tiempo perdido.


Así que esta traición arrastró irremediablemente a las  nuevas generaciones al fracaso y a la inactividad política y por lo tanto el contenido generacional desapareció bajo el conformismo más evidente, mientras la burocracia de los dos partidos engordaba, se enriquecía y convertía el despilfarro en su modus vivendi, actitud propia de una clase política que se negaba a la jubilación, enquistándose en sus privilegios e impidiendo que los valores de la juventud renovaran la vida de la democracia. Cuando en Chile Ángela Merkel le planteó a Rajoy su preocupación por el problema de la juventud española, desempleada en un 55%, convertida, por lo tanto, en una clase parásita, no hizo otra cosa que devolverlo a una realidad que ya no se puede soslayar.


A quienes despectivamente se les califica de “Ninis” porque, carentes de una verdadera educación, se abocan al vacío social, víctimas de ese libertarismo hueco, de una rebeldía comercial, incapaces de abocar su propia responsabilidad, han dejado de ser un síntoma de la crisis de valores de una sociedad, para pasar a convertirse en una carga económica para la misma Unión Europea. Qué lejos de aquellas consideraciones donde la juventud se identificaba con el amor a la verdad, al rigor del conocimiento, al desprendimiento como respuestas a la hipocresía política, a la tiranía de los banqueros, de los académicos. Pero, como diría Victoria Camps, ¿con quién podría integrarse quien ha sido educado bajo un pragmatismo que hoy le impide socializar su vida futura? Pues en su caso se impone por parte de la norma estratégica del rescate económico no la simple exclusión social, tal como se ha hecho con los emigrantes, con los desempleados, sino, la invisibilidad.


La intervención de una joven durante el encuentro de la última Internacional Socialista fue contundente: ni empleo, ni posibilidad de casarse ni de tener hijos, ni de hacer parte de las estructuras del Partido “mientras ustedes vienen con su retórica gastada a decir lo mismo desde un cómodo hotel de cinco estrellas con sus lujosos vehículos”. Felipe González es hoy un hombre muy rico, consejero personal del magnate Carlos Slim.