Editorial

En Ecuador no esperan sorpresas
17 de Febrero de 2013


Cabe resaltar el buen clima de colaboración y entendimiento, quizá como no se había logrado antes, y un triunfo de Correa este domingo garantizaría la continuidad de los proyectos sociales y de seguridad en la frontera.


Poco más de once millones de hermanos ecuatorianos están convocados a las urnas este domingo, entre ellos -novedad que no tenemos aquí- medio millón de muchachos entre los 16 y los 18 años, para elegir presidente y vicepresidente de la República, entre ocho binomios de distintos partidos y coaliciones, quince asambleístas nacionales, 122 provinciales y cinco parlamentarios andinos. 


Con respecto al poder Ejecutivo, si aciertan en sus pronósticos las cuatro principales firmas encuestadoras, el presidente Rafael Correa obtendría una amplia victoria, haciendo innecesaria una segunda vuelta y asegurándose, por lo pronto, un récord de 10 años de permanencia en el poder, en un país que no se ha caracterizado por su estabilidad política a lo largo de su historia republicana. Precisamente, el arribo de Correa al poder, en 2007, puso fin a más de una década de destituciones y golpes de Estado. Recuérdese la revuelta popular que terminó en 1996 con la caída del excéntrico populista Abdalá Bucaram, declarado por el Congreso “mentalmente incapaz para gobernar” y a la que siguió una sucesión de brevísimos mandatos, en los que, en forma interina o por la vía del golpe cívico-militar, se vistieron la banda presidencial ocho personajes de la variopinta política ecuatoriana, entre ellos el hoy aspirante, coronel Lucio Gutiérrez, tercero en las encuestas con un escaso 5 % de intención de voto. 


La ley ecuatoriana determina que para ganar la Presidencia en primera vuelta, hay que obtener la mayoría absoluta o, en su defecto, alcanzar el 40 % de los sufragios y una ventaja de 10 o más puntos porcentuales sobre su inmediato contendor. Al parecer, Correa ganaría sobrado,  pues las últimas encuestas, divulgadas 10 días antes de la elección, le otorgan entre el 55 y el 62 % de la votación, en tanto que el segundo más votado sería el exbanquero Guillermo Lasso, a quien la encuesta más favorable le atribuye solo un 20 %. Ya en 2009, bajo una nueva Constitución hecha a su medida -según sus críticos- Correa, con su Movimiento Alianza País, consiguió la primera reelección, derrotando en primera vuelta al coronel Gutiérrez y al magnate Jaime Noboa, y asegurándose una mayoría en la Asamblea Nacional. 


A Correa se le facilita el triunfo porque, a diferencia de lo que sucede en Venezuela, donde la oposición ha ido ganando en unidad y en fortaleza electoral, en Ecuador no hay quien presente una alternativa unitaria y atractiva a los electores, como contrapeso a las políticas de corte populista de la llamada Revolución Democrática. Una revolución que se ganó la lotería de los altos precios del petróleo, cuyas rentas le han permitido a Correa alardear de una inversión pública por US$100.000 millones en sus seis años de mandato, con mejoras importantes en infraestructura, vivienda social, empleo y reducción de la pobreza, que explican su popularidad y la fama de buen administrador aun entre sus adversarios. 


Aquí hemos expuesto nuestras diferencias conceptuales con el presidente Correa y durante la crisis que llevó a una ruptura unilateral de relaciones diplomáticas por parte de su gobierno, defendimos el derecho de Colombia a combatir el terrorismo, incluso más allá de la frontera, si en lugar de colaboración había tolerancia o abierta connivencia con organizaciones al margen de la ley, como quedó demostrado en la información extraída del computador del jefe guerrillero Raúl Reyes. También hemos sido solidarios con aquellos colegas ecuatorianos que han sido víctimas de condenas arbitrarias por delitos de opinión, inexistentes en una sociedad verdaderamente libre y democrática. 


No obstante, superada aquella difícil coyuntura, tras el anuncio del pleno restablecimiento de las relaciones en noviembre de 2010, cabe resaltar el buen clima de colaboración y entendimiento, quizá como no se había logrado antes, y un triunfo de Correa este domingo garantizaría la continuidad de los proyectos sociales y de seguridad en la frontera, acordados entre los gobiernos.