Editorial

Revaluación: ¿será que se atreven?
9 de Febrero de 2013


Como iniciativa del Gobierno nos parece loable y no deberían pensarlo más y ponerla en marcha. Pero sería mucho más eficiente si en ello se compromete la autoridad monetaria.

 


Desilusiona comprobar que la última reducción de las tasas de interés y el aumento en las compras diarias de divisas por parte del Banco de la República, no consiguieron el efecto deseado de apreciar el dólar, que se mantiene por debajo de los $1.800, una tasa de cambio que no solo resulta ruinosa para la industria exportadora sino para la que atiende la demanda nacional, por la imposibilidad de competir con la invasión de productos a precio de baratillo. 


Que al interior del Gobierno, tan proclive a pintarnos pajaritos de oro sobre la marcha de la economía, el propio ministro de Hacienda y presidente de la Junta Monetaria esté reconociendo a la revista Semana que “a este paso el país va a terminar inundado de importaciones, sin actividad industrial y agrícola y sin empleo, que es lo fundamental para una economía”, es la mejor demostración de que el problema se está saliendo de las manos de quienes tienen las herramientas para resolverlo. José Antonio Ocampo, exministro de Hacienda y uno de los más respetados economistas del país en el exterior, dijo a la citada revista que “mientras el banco central haga las intervenciones a regañadientes el mercado no se perturbará”. En esa crítica coincidimos muchos analistas.


Dentro de la “munición antirrevaluacionista” de que habla el presidente Santos, el ministro Mauricio Cárdenas dijo esta semana a un noticiero radial que se está considerando el prepago de deuda pública externa, cuyo monto a octubre de 2012, según el Banco de la República, era de US$45.478 millones (21,5 % del PIB). Lo explica así: “El Gobierno puede hacer un esfuerzo adicional porque se ha reducido el costo del servicio de la deuda interna, los intereses de los TES (bonos de deuda) han bajado, por tanto nos genera un ahorro que utilizaríamos para prepagar deuda externa”. Adicionalmente, el Gobierno estaría pensando en ahorrar gastos de la Nación para destinarlos al mismo objetivo. 


Como iniciativa del Gobierno nos parece loable y no deberían pensarlo más y ponerla en marcha. Pero sería mucho más eficiente si en ello se compromete la autoridad monetaria, asumiéndolo como parte de la solución estructural y no como simple paliativo coyuntural en manos del Ejecutivo. Modestia aparte, es una medida que EL MUNDO propuso hace más de ocho años, en su editorial “¡Freno a la revaluación!”, de agosto 12 de 2004, uno de cuyos apartes fundamentales nos permitimos reproducir hoy, dada su gran actualidad, no sin advertir que lo escribimos cuando el dólar rondaba los $2.600 y la inflación al término de ese año fue del 5,5 %, hasta ese momento la más baja desde 1955, récord que ya superamos con creces. 


“Pensamos que el Gobierno debe imponer su autoridad y aprovechar su inmenso capital político para adoptar las medidas racionales que desde distintos sectores le reclaman. En primer lugar, comprar dólares ahora que están baratos y redimir deuda externa, con lo cual la estaría cambiando por deuda interna. Los efectos positivos de tales medidas serían, obviamente, la disminución del costo de la deuda externa y del servicio de la misma, y la detención del proceso de revaluación que como acabamos de ver está adquiriendo proporciones ruinosas para la exportación colombiana. Son dos efectos muy positivos en la economía, contra los cuales solo se arguye que podrían estimular la inflación. A ese argumento se opone el de que se trata de un proceso inducido y por lo tanto regulable, es decir, el Gobierno va emitiendo y comprando dólares en el mercado y cuando los instrumentos de medida que tiene -bastante perfeccionados estadísticamente- le indiquen que la dinámica inflacionaria está tomando fuerza, entonces disminuye la intensidad de la política”. 


¿Se atreverán acaso?