Editorial

Un golpe estratégico
2 de Febrero de 2013


Gran alivio para Urabá y el sur de Córdoba la victoria de las instituciones sobre esa facción terrorista. Vaya el agradecimiento de sus gentes y de Antioquia entera para las FF.AA.

 


Mientras el Gobierno Nacional resuelve si condiciona el avance de los diálogos de La Habana al fin del secuestro y la liberación inmediata y sin condiciones de los dos policías del Valle del Cauca en poder de las Farc, como reclamamos ayer, es grato congratularnos hoy y pedir para las Fuerzas Armadas el aplauso de los colombianos, por la exitosa operación contra el frente 5º de esa organización terrorista, cuyo rápido desmantelamiento concluyó el jueves con la muerte en combate de su comandante, Luis Carlos Úsuga, alias ‘Jacobo Arango’.


Para entender la importancia militar, social y política de la extinción de uno de los frentes más sanguinarios de la organización terrorista, hay que recordar que el 5º fue su punta de lanza en los años setenta para penetrar a Urabá, donde florecía la industria bananera, y poder expandir desde allí su accionar criminal a otras subregiones de Antioquia y Córdoba. Según los organismos de inteligencia, que conocían muy bien su historial de terror de casi cuatro décadas, el 5º frente se movió a sus anchas hasta hace ocho años en la zona del Nudo de Paramillo, con mayor incidencia delictiva en municipios como Dabeiba, Mutatá, Chigorodó, Carepa y Apartadó, en Antioquia, y Tierralta, en Córdoba.


Sucesivos golpes de la Fuerza Pública minaron su capacidad militar y cerraron sus fuentes de financiamiento, que por mucho tiempo fueron la extorsión y el secuestro contra ganaderos y agricultores, a lo que se sumó luego el lucrativo negocio del narcotráfico, en alianza con la banda de los ‘urabeños’. El golpe que marcó su decadencia ocurrió el pasado 1º de enero, en zona rural de Chigorodó, con el bombardeo y asalto por tierra al campamento de la subcomandante, alias ‘Mayerly’. Antes de huir, herida, la guerrillera alcanzó a informar a su comandante ‘Jacobo Arango’ que “... a toditos nos acabaron (...), apenas somos dos los vivos, el resto (14) están muertos (...)”. Lejos estaba de imaginarse el veterano terrorista, que un mes después correría la misma suerte en su campamento de Tierralta, en donde lo sorprendieron en la madrugada del jueves las tropas de la Séptima División del Ejército, en coordinación con la Fuerza Aérea y la Policía Nacional. El balance: seis muertos, entre ellos el comandante, y la incautación de abundante material de guerra, equipos de comunicación y de cómputo.


Aparte de ser cabecilla del 5º frente, ‘Jacobo Arango’ era miembro del estado mayor de las Farc, segundo al mando del bloque noroccidental y llevaba 31 años de su vida delinquiendo a nombre de esa organización terrorista. Inteligencia del Ejército lo identificaba como un hombre muy cercano al ‘Mono Jojoy’ y a ‘Iván Márquez’ -el hoy jefe de la delegación fariana en La Habana- y en la Fiscalía figuraba con un tenebroso prontuario. Una de sus ‘hazañas’ criminales, imposible de borrar de la mente de los urabaenses, fue la masacre de La Chinita, en Apartadó, donde murieron decenas de simpatizantes del Esperanza, Paz y Libertad, movimiento nacido del proceso de paz con el EPL, su antiguo rival en la disputa por dominar a sangre y fuego esa promisoria región de Colombia. 


Se entiende, pues, el alivio que significa para Urabá y el sur de Córdoba la victoria de las instituciones sobre esa facción terrorista y lo agradecidas que están por ello sus gentes y Antioquia entera, con las Fuerzas Armadas de la República. Nos alienta, por lo demás, que en medio de los avatares de un diálogo plagado de incertidumbres, el comandante supremo haya relanzado desde Cartagena su proclama: “¡Vamos con todo contra esta organización, no bajen la guardia un solo minuto! Aquí no hay contemplación de ninguna naturaleza, así estemos dialogando”.