Columnistas

El club de los pavos reales
Autor: Bernardo Trujillo Calle
26 de Enero de 2013


Con motivo del caso Colmenares se ha venido dando una forma de ejercicio profesional de la abogacía que, en mi sentir, no es apropiado en tanto que parece más una feria de vanidades, en donde se han dado cita unos abogados de postín

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Con motivo del caso Colmenares se ha venido dando una forma de ejercicio profesional de la abogacía que, en mi sentir, no es apropiado en tanto que parece más una feria de vanidades, en donde se han dado cita unos abogados de postín que suenan ruidosamente en los estrados judiciales y que la prensa ayuda a promover con sus ditirambos no siempre merecidos.  Se trata de un pequeño grupo que ostenta la divisa de ser los más doctos y por eso son llamados a defender causas de personas importantes por su dinero o por su prestigio personal.  Presidentes, gerentes, hombres de grandes negocios, políticos, reinas de belleza y qué sé yo.  En esa disputa de egos, se olvidan con frecuencia del papel que deben cumplir frente a la justicia estos letrados.


La Fiscalía en una decisión excepcional –tal vez sin precedentes recientes- decretó la nulidad de todo lo actuado en dos años de intensa controversia entre los abogados que representan las partes y la misma Fiscalía, encargada de adelantar la investigación con pérdida de tiempo y de confianza en la lucidez de los investigadores.  Se halló que había al menos tres testigos falsos a los cuales el funcionario que conocía del caso les daba plena validez, cuando a poco andar en un cambio que se produjo de fiscales, el recién nombrado los cuestionó y hasta prueba de una supuesta actuación incorrecta de parte del anterior se planteó por el afán de éste de hallar pruebas que comprometieran a los encartados.  No voy naturalmente a referirme a dichos testimonios, cosa que le corresponde a la justicia apreciarlo.  Destaco sí, que el llamado “cartel de los testigos”, vuelve a ser materia de comentarios y eso, naturalmente, conduce a rechazar la manera como esta “elite” de juristas que hacen parte del club de los pavos reales y se pavonean con sus plumas desplegadas, quieren medir su valimiento.


No soy, como no lo son muchísimos abogados, fáciles de descrestar por esa engañosa notoriedad que explotan los mencionados penalistas bogotanos en busca de recónditos incisos del código con los cuales defender su causa.  Mañosas prácticas de todo género se ensayan para burlar la justicia, torcerle el cuello a la verdad y engañar al juez, a la contraparte, a la sociedad. Las enseñanzas de ilustres profesores y defensores de la ética de la abogacía, no es que las desconozcan, sino que las falsifican, la ofenden, las pasan por encima con desprecio, porque en los estrados judiciales, piensan algunos de ellos, todo vale.  Qué maravilloso fuera que tuviésemos entre nosotros un Carrara, un Ferri, un Gaitán, un Carlos Lozano, un Montalvo y otros, claro está, que dejaron condensado su pensamiento en libros que no enseñan trucos, pero sí la esencia de las normas, la bondad por su respeto.


Leo en un antiguo libro de temas jurídicos una frase que me ha llamado poderosamente la atención: “La justicia es la joya más valiosa que dieron los dioses a los hombres”.  Y en el mismo libro, un abogado escribe sobre la ingrata misión de quienes en cada pleito que defienden deletrean las leyes hasta encontrar el modo de hacerle decir al legislador lo que a su parte le conviene, aunque sea pasando por encima del sentido común... No estamos en contra de los abogados que ganan mucho dinero con su trabajo, pero sí contra quienes les importa un comino sacrificar la buena fe, entorpecer la justicia con marrullerías.  Esto me hace recordar el viejo cuento del abogado que cobraba los memoriales según fueran con enredo o sin enredo.  Los procedimientos disciplinarios para este género de profesionales no deberían ser letra muerta.


P.S.: 1. Escrita la columna, se conoció la decisión del juez de no aceptar la nulidad del proceso decretada por la Fiscalía. Mas el problema sigue vigente. Los casos semejantes son por centenares.


2. Espanta una candidatura a la presidencia de Lafaurie aunque no tenga probabilidades. Es un desafío al 95% de los colombianos y una avaricia de los propietarios de las tierras. Los terratenientes no deben seguir abusando de su poder económico.


3. Regresa Serpa a la política activa. Lo necesitamos como director del partido liberal. Hace falta un hombre de su talante.





Comentarios
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Juan
2013/01/26 08:42:28 am
Yo siempre he opinado con gtran trsteza, como esos estudiantes se queman las pestañas en las universidades y, que pasa con sus cátedras de ética, pues cundo salena ajercer, todo se va al caño y a hacer lo que sea, incluso hacer todo lo que en su formaciín defendieron sobre la justicia par llenarse plata y satisfacer la banidad.