Columnistas

Los pendientes de Obama
Autor: Rafael Bravo
25 de Enero de 2013


El inicio de un segundo periodo presidencial sirve como hoja de ruta para mirar hacia atrás, evaluar los logros y enmendar los errores.


El inicio de un segundo periodo presidencial sirve como hoja de ruta para mirar hacia atrás, evaluar los logros y enmendar los errores. No son pocos los pendientes que le esperan a Obama en un país polarizado e insatisfecho del liderazgo de su dirigencia política. La promesa de unir a los norteamericanos terminó siendo una quimera. La Esperanza, el mantra de la campaña que lo llevó a la presidencia quedó a mitad de camino. La batalla con la extrema derecha del partido republicano sigue en pie. 


Habiendo enfrentado la peor crisis de la historia reciente, dos guerras externas de un altísimo costo económico y una deuda pública que peligrosamente pone en vilo el futuro de las generaciones venideras, terminan marcando el legado del primer presidente afroamericano. Ello contrasta con los logros alcanzados en el primer periodo, como la aprobación de la Ley de Salud, la Ley de Reforma Financiera, La Ley que elimina la discriminación de la comunidad Lgtb y la Ley Ledbetter que pone en igualdad de pago a las mujeres. 


Paradójico que mientras el presidente goza de un gran nivel de aceptación personal con un 73 por ciento, su gestión de gobierno apenas supere el 50. El Congreso paga las consecuencias de su baja reputación con un 17% de aprobación. Una forma de expresar la frustración a las múltiples tareas que han quedado truncas: una clase media que ha visto caer sus ingresos en más de 2 mil dólares per cápita, una tasa de desempleo del 7.8% (7,3% al iniciar su mandato), 48,6 millones sin seguro de salud (dos millones menos que en el 2009), 46.2 millones de pobres (una cifra superior en 2.6 millones) y una deuda que pasó de USD10.6 billones a USD16.4 billones a finales del año anterior. 


La sombra de la reelección es un asunto del pasado. Obama se juramenta pensando en las prioridades perdidas para concentrarse en las que son factibles en un segundo periodo. Su agenda doméstica incluye temas muy sensibles políticamente, como la urgente reforma migratoria, una manera de retribuirle a la comunidad latina que salió masivamente a respaldarlo en las urnas. Atención al medio ambiente con medidas para enfrentar el cambio climático, tema que por primera vez es objeto de mención en forma directa por un presidente como prioridad de gobierno en un discurso de posesión.


La bomba que lentamente se cocina en el Medicare y Medicaid son 2 temas, que tendrán que ser abordados con arrojo y decisión muy a pesar de la oposición del ala progresista del partido demócrata y del mensaje por un país más justo y equitativo que el presidente esbozó durante la instalación. 


El legado que el presidente Obama busca dejar es el de un gobierno progresista en donde los pobres y marginados serán objeto de la atención a través de las redes de apoyo y los subsidios estatales. Es el regreso del liberalismo en su mejor acepción: una guerra frontal contra la pobreza, la inclusión de las minorías (tanto de los homosexuales como de los inmigrantes), la recuperación de la clase media como la única forma de fortalecer la democracia y la economía y que la paz duradera no requiere de una “guerra perpetua”.


Inadmisible que en su primera audiencia al pueblo norteamericano el presidente hiciera apenas un esbozo de su política internacional. Si bien Asia es su principal obsesión, el conflicto del Medio Oriente, la Primavera Árabe y la guerra civil en Siria no fueron objeto de mención. El nombramiento del senador Kerry como nuevo Secretario de Estado podría ser el paso para que su par cubano-americano, Bob Meléndez, asuma como nuevo presidente del Comité de Relaciones Exteriores. Sólo así veríamos a América Latina en el mapa geopolítico de los Estados Unidos.