Columnistas

Noticias: unas de cal y otras de arena
Autor: Jorge Arango Mejía
20 de Enero de 2013


Quien escribe para los demás, no puede hacerlo solamente sobre lo reprobable. Por el contrario: tiene que obrar con ecuanimidad, censurando lo malo y alabando lo bueno. Así gana credibilidad. En esto, como en todo, los extremos no convienen.


Quien escribe para los demás, no puede hacerlo solamente sobre lo reprobable. Por el contrario: tiene que obrar con ecuanimidad, censurando lo malo y alabando lo bueno. Así gana credibilidad. En esto, como en todo, los extremos no  convienen. Veamos, con este criterio, algunas noticias de Colombia y del Quindío, mi tierra, la provincia perdida.


Es bueno que el gobierno y las Farc hablen de paz: tarde o temprano a ésta se llegará conversando, no disparando. Partiendo de esta premisa, uno se pregunta: ¿están dadas las condiciones para que esos diálogos pongan fin al conflicto?  La respuesta no es sí o no, sino “¡quién sabe!”. ¿Por qué? Sencillamente porque hay dudas, y grandes. 


La primera: ¿Están las Farc derrotadas? De tiempo en tiempo, el gobierno (éste y los que lo han precedido) dice que sí, que el conflicto está en las últimas, y las puertas de la paz, entreabiertas. ¿Cómo le contestan los delincuentes? No con palabras, que sería el ideal, sino con ataques a poblados inermes, masacres  y secuestros de civiles. ¿Quién no recuerda a Pardo, Ministro de Defensa de Gaviria, diciendo, en enero de 1998, que antes de julio de ese año las Farc estarían completamente derrotadas? ¿Alguien ha olvidado que Fernando Londoño (sí, el mismo de Invercolsa), pregonaba -hace 10 años- que en 6 meses no habría una sola mata de coca en el Caquetá?  Sí, en las palabras la guerra ha terminado muchas veces; en la realidad, ninguna. 


La segunda duda la crea el lenguaje de las partes. Al mesurado y discreto de los representantes del gobierno (que cualquiera podría tomar por demostración de temor o por intento de halagar al adversario), se opone el destemplado y belicoso de los otros, semejante al mensaje de Tirofijo, que “Joaquín Gómez” leyera ante la silla vacía de aquél y la cara (perpleja y acongojada) de Andrés Pastrana, en San Vicente del Caguán, el día en que se consumó la criminal entrega de 42.000 kilómetros cuadrados del territorio.


Hasta aquí, las de arena.     


Pero como no todo ha de ser rigor, sí hay noticias buenas, para el Quindío. (Y para Colombia, porque “lo que es bueno para el Quindío, es bueno para Colombia.”)


Ya  es seguro que en Montenegro se construirá el Acua-parque: están comprados los terrenos, disponible el dinero y listos los planos. Únicamente falta una licencia de la Corporación Autónoma Regional del Quindío. Quiera Dios que los burócratas que medran a su sombra, no atraviesen palos en las ruedas del proyecto, porque esta atracción será la mejor de su especie en América Latina y consolidará al Quindío como polo de atracción del turismo nacional e internacional. James Cañas Rendón, alcalde de Montenegro, ha hecho una labor digna de aplauso: es un buen alcalde, mientras no se demuestre lo contrario. En estos tiempos de funcionarios públicos indignos, ineptos y sin escrúpulos, merece elogios.


También el teleférico de Buenavista, obra inconclusa, parece que se concluirá. Quienes quieran ver los más bellos paisajes de Colombia, tendrán que visitar esta población, que evoca a Asís y a las praderas de la Umbría. Dicho sea de paso, no faltan los que dicen que este proyecto ya produjo su mejor fruto: la destitución de una senadora que, como gobernadora, dizque no solamente metió la pata sino la mano, como solía decir el Maestro Echandía.


¿Por qué no mencionar el centro comercial San Andresito Centenario, que se construye al frente del estadio de Armenia, llamado “Jardín de América”? Será único en su género en Colombia, gracias a la inversión multimillonaria de unos empresarios caleños, que han  creído en el boom económico de Armenia, jamás visto en  120 años de existencia de la ciudad que fundara Jesús María Ocampo,  “Tigrero”.


Y lo más sorprendente, que es, a la vez, la mejor noticia: a pesar de la insensatez,  la corrupción y la ignorancia de algunas de las personas que conforman las administraciones departamental y municipal, el Quindío y Armenia siguen adelante, sin pausa, con redoblado ánimo. ¡Como siempre lo he sostenido, la gente le ganará la batalla a la administración pública! 


Finalmente: ¡2013 no terminará sin que la justicia ordene devolver el espacio público a los armenios!