Columnistas

Ensayo y error
12 de Enero de 2013


Los errores hacen parte de la condici髇 humana se nos dice con frecuencia, pero poco lo comprendemos, y menos a鷑 los incorporamos en la vida diaria.


Mauricio Castaño H.*


Los errores hacen parte de la condición humana se nos dice con frecuencia, pero poco lo comprendemos, y menos aún los incorporamos en la vida diaria. Por fortuna, se dan procesos que fuerzan y reconocen este principio de realidad, mostrando como el ensayo y el error son piezas esenciales en el proceso para llegar al conocimiento. El error es un paso previo para encontrar la salida adecuada a un problema. Hoy más que nunca nuestros jóvenes no gustan de las cosas ya hechas, por el contrario, donde quiera que vayan, donde quiera que estén, se están enfrentando a nuevos retos. En nuestros días, los juegos del internet, por ejemplo, no incluyen instrucciones, sería cosa aburrida para los muchachos. Es una variable que aún no se toma en cuenta en los currículos de enseñanza en nuestras escuelas y empresas. El error guarda un poder para mover el aprendizaje, y revalúa unos valores culturales de bastante arraigo como el de estar buscando culpables, de entrar en una lógica de guerra de anular a un otro, a quien se considera responsable de que todo haya salido mal. Por el contrario, el mundo de hoy tiene en alta estima el trabajo colaborativo, el mismo que tiene por premisa que a partir del ensayo - error, se encuentran las mejores soluciones posibles.


Esto es una concepción que despoja  a la aventura humana de purismos atribuidos a seres heroicos o con poderes especiales, y más bien aloja una confianza humana constructora de su propio mundo. Y de allí, queremos hacer este énfasis, en el cual se despunta un ambiente propicio para que entre en concurso la cultura de la participación, nuestro mundo se define por los derechos civiles y políticos, las instancias para incidir en las diversas esferas de nuestra vida pública. Y esto equivale a decir que nuestra participación tiene sentido en la medida en que somos consultados, somos invitados a deliberar o decidir, y tales asuntos tienen incidencia sobre las cosas públicas. No es más que una interacción, en la cual se toma una ciudadanía activa que es a la vez el ojo agudo del Estado, que vigila para que todo salga de manera correcta, para que se administren bien los recursos públicos.


Esta concepción de asignar atributos de responsabilidad a la condición humana en este mundo en permanente construcción, de entrada, tiene que vérselas, por supuesto, con aprender a trabajar juntos, a vivir en comunidad. Ejemplo de ello es la Carta Constitucional colombiana en la cual se insta a respetar la vida y propender por una unidad nacional tomando cada una de las diversas diferencias culturales existentes. No es otra cosa que un llamado a la Cohesión Social, a la convivencia, preservar la vida así se esté en altas tensiones. Recordemos una bella definición del jefe de Estado boliviano Evo Morales, quien comentaba que el Poder es mandar obedeciendo, so pena de sufrir el destrono del pueblo, que tumba al gobernante por no obedecer  su mandato.


Otras de las consecuencias de asumir la vida, en todas sus esferas, como obra humana en permanente construcción, es el sentido de pertenencia hacia el mismo Estado, pues cuando se está en el registro de su no incumbencia, desapego, de que nada de eso nos pertenece, se cae en percepciones excluyentes, considerando que quienes acuden al gobierno son mendicantes, o en su defecto pobres vergonzantes, pues allí reina una concepción en la cual el libre mercado es amo y señor del mundo, lo demás es aleatorio, estar por fuera de allí, es estar despojado del honor, de la dignidad, y se entra en desgracia cuando se acude a la ayuda estatal.


Por eso viene a bien la participación, en especial cuando se trata de vigilar unos recursos públicos que de invertirse bien, inmediatamente se refleja en el bienestar general. Esto cobra interés particular en las culturas en donde la trampa y la ilegalidad son valores resaltados, eso de que “el vivo vive del bobo”, y a quien saca ventaja del otro se lo alaba. Para contrarrestarlos está el asociarse para producir unos acuerdos que son comunes, es el camino para una ciudadanía que se involucra y construye el Estado, superando los bajos porcentajes de la participación. ¡Que todo el mundo participe por todos los medios posibles! Que todo el mundo esté informado, el que decide y el que controla, y entonces, nos acercamos, por los caminos de la eficiencia y la eficacia. Entre todos aprendemos haciendo juntos las cosas, esto es construcción del tejido social, es hacer país.


* Historiador