Columnistas

Juan Pablo II, adalid del mundo actual
Autor: Jaime Greiffestein
12 de Enero de 2013


Adalid, líder espiritual, guía: eso es el beato Juan Pablo II en el mundo actual, y así lo reconocen infinidad de personas, aún no católicos, como David Aikman, antiguo corresponsal de Time


Adalid, líder espiritual, guía: eso es el beato Juan Pablo II en el mundo actual, y así lo  reconocen infinidad de personas, aún no católicos, como David Aikman, antiguo corresponsal de Time, quien escribió: “No soy católico, y ciertamente comparto muchas de las objeciones protestantes a algunos de los aspectos de la doctrina católica. Pero considero que el Papa Juan Pablo II, por su gran hondura espiritual, su enorme horizonte humano, su comprensión y solicitud por los oprimidos y, sobre todo, por su clarividencia de cómo han de ser los cristianos, en conjunto, es el más grande líder cristiano del siglo XX. Cuando desaparezca es muy posible que sea considerado, sencillamente, como una de las figuras más ejemplares de toda la historia cristiana”.


El beato Juan Pablo II es un paradigma para los católicos, un personaje favorito de esos que uno quisiera conocer en formaa más profunda. Por eso es interesante leer su libro “¡Levantaos!  ¡Vamos!”, en el que repasa su propia vida de obispo entre 1958, cuando fue consagrado a sus 38 años, solamente con 11 años de sacerdocio, hasta su elección como Romano Pontífice en 1978.


Cuenta en allí detalles muy personales como su devoción al Ángel Custodio: “Tengo una especial devoción al Ángel de la Guarda. Desde niño, probablemente como todos los niños, repetí tantas veces esta plegaria: ‘Ángel de Dios, que eres mi custodio, ilumíname, custódiame, dirígeme y gobiérname...’ Mi Ángel de la Guarda sabe lo que estoy haciendo. Mi confianza en él, en su presencia protectora, crece continuamente. San Miguel, San Gabriel, San Rafael, son arcángeles a los que invoco con frecuencia en la oración”.


Sobre la familia dijo que en su ejercicio episcopal “sentía una emoción especial al encontrarme con familias numerosas y con madres que esperaban el nacimiento de un hijo. Deseaba expresar mi aprecio por la maternidad y la paternidad. He cultivado desde el comienzo de mi sacerdocio una dedicación pastoral a los matrimonios y las familias.”


Destaca su devoción a San José: “Me ha gustado siempre pensar en San José en el contexto de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Invocaba la ayuda de los tres a la vez en muchos de mis asuntos. Comprendo la unidad y el amor que se vivía en la Sagrada Familia: tres corazones, un amor. A San José le confiaba sobre todo la pastoral de la familia.”


Afirmó que en el intento de oponerse al celibato sacerdotal se esgrime a veces el argumento de la soledad del sacerdote, pero él confiesa: “Nunca me he sentido solo” porque siempre ha estado de la mano de Dios y de la Virgen María, y especialmente en su pontificado contó con las oraciones y el cariño filial de todas las personas que le queremos.