Editorial

Interbolsa: mal de muchos
5 de Enero de 2013


La justicia norteamericana fue sumamente severa con Madoff, al condenarlo a 80 años de presidio. No pedimos tanto como eso, pero sí que se castiguen ejemplarmente los eventuales delitos allí cometidos

El desplome de Interbolsa, la mayor comisionista de valores del país – intervenida en noviembre pasado y cuya liquidación judicial acaba de decretar la Superintendencia de Sociedades – responde, guardadas diferencias, al mismo patrón de otros famosos descalabros financieros en el mundo. Detrás de los mismos suele estar un afamado gurú de las altas finanzas, que ofrece tener la fórmula milagrosa para el enriquecimiento rápido y logra embaucar a un montón de personas, naturales y/o jurídicas, para que inviertan sus dineros con la promesa de altas e ilusorias rentabilidades. Son personas extremadamente ambiciosas que, como Gordon Gekko, el personaje de ficción que las representa en la célebre película Wall Street, parten del falso principio de que “la codicia es buena”.


A veces no es muy claro que una sola persona concentre la plena responsabilidad de las maniobras fraudulentas en perjuicio de ingenuos inversionistas y es una empresa la que aparece liderando la estafa, como consecuencia de lo cual su prestigio y la credibilidad de sus clientes se vienen abajo y con ellos llega el descalabro definitivo. Es el caso, por ejemplo, de la Enron, considerada la mayor empresa distribuidora de energía de los EEUU, acusada de ocultar durante años sus pérdidas millonarias hasta que quebró en diciembre de 2001.


El 2012 fue prolijo en escándalos financieros, según una relación que hace la revista Dinero en su edición de diciembre. Una investigación del Senado estadounidense descubrió que el reputado banco británico Hsbc realizaba operaciones de lavado de activos a través de sus filiales en México, Irán, Islas Caimán, Arabia Saudita y Siria. Otro gran banco británico, el Barclays, fue acusado de manipular la tasa interbancaria Libor, que sirve de referencia para fijar precios de derivados y otros productos financieros. De manejos indebidos fueron señaladas también instituciones financieras de gran prestigio, como el JPMorgan de EEUU; el Deutsche Bank, en Alemania; y el Bankia, el cuarto más grande de España, cuyos directivos tuvieron que admitir que habían invertido 32.000 millones de euros en “activos tóxicos vinculados al colapso del sector inmobiliario”.


En años recientes, el caso más sonado y con nombre propio es el de Bernard Madoff, toda una leyenda entre los comisionistas de Wall Street, como manejador de grandes fortunas ajenas, cuyo desplome en diciembre de 2008 sacudió los mercados bursátiles del mundo, tras descubrirse en una investigación en que participó el FBI que su firma había provocado una defraudación masiva valorada en 50.000 millones de dólares. Entre sus clientes y a la postre víctimas, figuraban desde famosos equipos de beisbol y fútbol americano, hasta grandes bancos europeos y asiáticos.


Aquí, ni el Gobierno ni sus entes de control saben todavía a ciencia cierta cuántos son los damnificados del descalabro del grupo Interbolsa ni a cuánto ascienden las pérdidas. También, como en algunos de los casos citados, se arguye que fallaron los controles y se desoyeron advertencias de la competencia sobre el manejo poco ortodoxo de repos de Fabricato por parte de esa firma. Se reclaman también por parte de expertos una serie de reformas a la legislación sobre el mercado de capitales, en especial, una regulación más estricta al mecanismo de los repos. Todo eso es válido, pero contra el ingenio humano, mal utilizado en provecho propio y de sus compinches, no hay vacunas infalibles.


De todos modos, en aras de la buena salud del todavía frágil mercado bursátil colombiano, comprometido en el promisorio proyecto integracionista del Pacífico – una de cuyas instituciones en marcha es el Mercado Integrado Latinoamericano, Mila, que reúne a las bolsas de valores de Chile, Perú y Colombia y tiene en fila para entrar a la de México – los colombianos debemos reclamar que la investigación llegue al fondo del berenjenal de Interbolsa, se resarza en lo posible a sus víctimas y se castigue al responsable o responsables de la multimillonaria defraudación. La justicia norteamericana fue sumamente severa con Madoff, al condenarlo a 80 años de presidio. No pedimos tanto como eso, pero sí que se castiguen ejemplarmente los eventuales delitos allí cometidos.