Editorial

C髆o vivir la Navidad
24 de Diciembre de 2012


ue la paz y la alegr韆 de la Navidad inunden los hogares colombianos y, en particular, los de nuestros lectores, colaboradores y amigos!

De España nos llegó la religión Católica y con ella las bellas tradiciones navideñas: el pesebre, los villancicos, la cena de navidad en la intimidad familiar y la asistencia posteriormente a la Misa de Gallo, que a la media noche se celebra en todas las Iglesias para cantar las glorias del Divino recién nacido. En tiempos de nuestra lejana niñez, se regresaba al hogar y todos los hijos debían acostarse a dormir si querían ‘traído’ del Niño Dios. No sabemos qué tanto se conserva aún esa costumbre, pero era lindo vivir la fantasía, al menos en la primera infancia, de que era Él quien atendía nuestros ruegos y no el papá o la mamá quien se encargaba de colocar el ‘pedido’ bajo la almohada.


Hace tiempos, pese a ser Colombia un país de mayoría católica, se popularizó aquí la también muy respetable tradición de origen protestante, según la cual es Santa Claus – el simpático y regordete personaje, de barba blanca, vestido con casaca roja y blanca, colores que simbolizan la tierra y el cielo, o los solsticios de verano e invierno– el que recorre el mundo en su trineo lleno de regalos, para repartirlos a los niños entre la noche del 24 y el amanecer del 25 de diciembre. También se le conoce como Papá Noel o San Nicolás.


La Navidad es, en todo caso, la fiesta más universal de todas y tal vez por eso, su carácter eminentemente cristiano se ha ido perdiendo para transformarse en una ruidosa celebración pagana, caracterizada por toda clase de excesos. Consumismo desbordado, excediendo muchas veces la capacidad económica de los hogares; abuso del licor y quema de pólvora, que terminan ahogando la alegría de muchos hogares y convirtiendo la vida de niños y adultos en un suplicio, ya sea como consecuencia de graves quemaduras o porque las parrandas terminan en riñas y otros actos violentos. Y ni hablar del aumento por esta época de los accidentes de tránsito, con alto saldo de víctimas, por ese coctel mortífero de alcohol y gasolina.


El auténtico cristiano vive la Navidad como la conmemoración del sagrado misterio de Dios hecho Hombre para salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado. Su origen se remonta al siglo IV de la Era Cristiana, cuando, bajo el reinado de Constantino y siendo el cristianismo la religión oficial del imperio romano, la Iglesia decidió fijar el 25 de diciembre como día conmemorativo del natalicio de Jesús de Nazaret. Y lo hizo para contrarrestar la gran influencia que todavía tenían dentro del pueblo las fiestas paganas en honor del Sol y de Saturno, que se celebraban por esas mismas fechas. Por eso preocupa a los Papas, especialmente desde los tiempos de Pablo VI y Juan Pablo II y ahora con Benedicto XVI, que la Navidad esté perdiendo, en los tiempos modernos, aquel genuino sentido religioso para convertirse en una mera manifestación de alegría pagana y materialista.


Mientras eso ocurre en los países católicos por antonomasia, donde no obstante imperan las libertades democráticas, entre ellas la de cultos, resulta conmovedora la lucha de la Iglesia en Cuba por rescatar y fortalecer en su pleno significado el espíritu de la Navidad, cuya celebración fue excluida por la dictadura comunista de la vida pública cubana a lo largo de casi tres décadas. Finalmente, en 1997, el régimen tuvo que ceder ante la presión del mundo católico y del propio pueblo cubano y con ocasión de la visita pastoral del hoy Beato Juan Pablo II, aceptó restablecer el 25 de diciembre como feriado nacional de carácter religioso y así quedó consagrado por ley un año después. Gran triunfo de la Iglesia, sin duda, pero aun cuando el comunismo no pudo extirpar del todo el espíritu navideño de la intimidad de muchos hogares cubanos, el mal ya estaba hecho. Así lo lamenta la revista ‘Vitral’, de la Diócesis de Pinar del Río, en su editorial de la edición octubre-diciembre de este año, al recordar que “habían pasado 29 años… y ya existía una generación de cubanos que no poseían la experiencia de una Navidad”. 


¡Que la paz y la alegría de la Navidad inunden los hogares colombianos y, en especial, los de nuestros lectores, colaboradores y amigos!