Columnistas

Mi Diosito es antioqueño
Autor: Rodrigo Zuluaga
19 de Diciembre de 2012


Así que todos los nacidos por allí nos llamamos José Roberto, José Darío, etc., y las mujeres María Camila, María Alejandra y así sucesivamente…

Habré de decirles antes de empezar este cuento, que el cura de mi pueblo decidió, por allá en los años 20 del pasado siglo, que todo el que se acercara a la pila bautismal buscando el sacramento debería aceptar que antes del nombre escogido debía poner a los hombres José y a las mujeres María. Así que todos los nacidos por allí nos llamamos José Roberto, José Darío, etc., y las mujeres María Camila, María Alejandra y así sucesivamente…


En el pueblo de N… vivía una mujer llamada María a quien llamaban la bella. Muy joven decidió comprometerse con un carpintero de nombre José mucho mayor que ella. Aún no se habían casado cuando un ángel visitó a la niña María la Bella para decirle que sería fecundada por el Espíritu Santo, que no necesitaba tener relaciones con el carpintero para quedar encinta y ella estuvo de acuerdo en concebir a quien se llamaría Jesús.


Así que cuando el carpintero José, un hombre bueno y justo se enteró que su novia María la Bella estaba en cinta y aún no se había consumado el matrimonio porque no se habían casado todavía, se decepcionó. En medio de las críticas de  amigos y vecinos, una noche tomó sus pertenencias y empacándolas en un morral, salió huyendo, pero no había caminado mucho cuando el cansancio lo abatió, paró a descansar y se quedó dormido. En el sueño otro ángel le habló y le dijo que no fuera a repudiar a María que ella había concebido sin mancha, obra de Dios. Que él debía volver al pueblo y casarse con ella y disponerse a ser el esposo de María la Bella y el  padre putativo de Jesús, así se llamaría el niño que estaba por nacer. Entonces José se devolvió e hizo la voluntad del ángel del sueño, aunque la gente seguía criticándolo.


Unos meses más tarde, cuando las familias fueron compelidas a ir a Belén para que las censaran, José con María la Bella en estado avanzado de gravidez, llegó a Belén que era pequeño, como un barrio cualquiera, con pocos hostales y las posadas que tenía estaban ya ocupadas. Decidió José buscar un lugar donde llevar a reposar al burro en el que María la Bella había viajado. Y solo consiguió una pesebrera estrecha y fría junto al parque, allí en medio de esas incomodidades, sorpresivamente nació el niño.


Esa mañana luminosa José abrió la puerta de la pesebrera y vio que unos señores ataviados como reyes llegaban de lejos, atraídos al parecer por una estrella brillante. Entonces vinieron los vecinos y las gentes se arremolinaron. La noticia cundió como pólvora encendida. En otros lugares lejanos y aún cercanos el mundo se preguntaba cómo había nacido el  niño Dios y donde quedaba Belén, Belén, Belén… Pero en estos contornos todo el mundo sabe que Belén está allí no más, cerquita, en Otra Banda, atravesando el río. No había que ir muy lejos para llegar al Barrio Belén. Allí había nacido el hombre nuevo, Diosito.


Por eso nadie duda por acá, al otro lado del río, que mi Diosito es antioqueño. ¡Feliz Navidad!