Nacional

Crece la confianza entre negociadores del gobierno y las Farc
16 de Diciembre de 2012


Pese a que no cesan las hostilidades en Colombia, participantes en las mesas de negociación entre gobierno y Farc señalaron que la confianza crece en La Habana.

 


AP


Mientras la retórica encendida y las bombas siguen resonando en Colombia, los guerrilleros y los representantes del gobierno que participan en las negociaciones de paz en la capital cubana describen un ambiente de confianza creciente entre quienes bajo otras circunstancias serían enemigos a muerte.


Los negociadores del gobierno y de las Farc comentan los resultados del fútbol y hacen bromas a la hora del receso. Comparten cigarrillos y puros cubanos, e incluso se agolpan frente a la pantalla de una computadora para opinar sobre el diseño del cibersitio que desarrollaron conjuntamente para quienes buscan información sobre las conversaciones.


Los participantes dicen que es notable ver a los viejos adversarios que pasaron casi medio siglo a los tiros comportándose de manera tan cordial, en un signo esperanzador de que hallarán alguna solución.


Rodrigo Granda, comandante de las Farc, dijo: "Somos dos partes que venimos de un conflicto que todavía no termina".


Sin embargo, aclaró que "siempre hay lugar para una broma o una sonrisa; hemos estado estableciendo confianza y eso es muy importante".


En entrevistas, cinco participantes permitieron atisbar el ambiente de las negociaciones a puertas cerradas, que comenzaron formalmente en Oslo, Noruega, en octubre y desde entonces continuaron en un centro de convenciones en La Habana. Además, los dos principales negociadores rebeldes Iván Márquez y Rodrigo Granda comentaron públicamente sobre el ambiente de creciente confianza.


Tres de los participantes que hablaron sobre detalles específicos de las conversaciones pidieron no ser identificados porque no querían arriesgarse a desestabilizar las delicadas discusiones, que se centran en la conclusión del conflicto, la reforma agraria, el narcotráfico, la compensación a las víctimas y la reinserción de los guerrilleros en la sociedad, entre otros.


Generar confianza es particularmente importante en estas conversaciones teniendo en cuenta los antecedentes y acusaciones de traición por ambos bandos.


Ahora, las Farc y los equipos del gobierno fueron alojados en lujosas casas en extremos opuestos de un antiguo club campestre llamado El Laguito, que el gobierno cubano usa como un complejo oficial fuertemente custodiado.


Cada bando tiene los números telefónicos de la otra parte y suelen llamarse por la noche para arreglar detalles del temario del día siguiente.


En las reuniones por ejemplo, las dos partes se tocan insistentemente las muñecas como una forma amable de presionar a Jaime Avendaño, un negociador del gobierno que pasó a ser el cronometrador extraoficial, cuando están ansiosos por hacer una pausa.


Los participantes aseguran que esos descansos de 15 a 30 minutos, en que los negociadores salen a fumar o estirar las piernas, son los que permiten las interacciones más informales.


Hablan sobre temas diversos, desde el tiempo hasta la suerte de los equipos colombianos de fútbol como Millonarios, América de Cali y Atlético Nacional, con alianzas deportivas que trascienden las divisiones políticas.


Los representantes de las Farc y del gobierno también se dividen en grupos reducidos junto con expertos colombianos en reforma agraria y otras cuestiones a los que han traído para asesorar a ambas partes y las conversaciones informales son un modo adecuado para que los dos bandos insinúen sus posiciones sin hacer concesiones formales.


El ex senador estadounidense George Mitchell, fuerza impulsora del acuerdo de Viernes Santo que concretó la paz en Irlanda del Norte en 1998, dijo que establecer relaciones personales de confianza puede ayudar el proceso, pero no es suficiente para borrar décadas de desconfianza.


"Conocer a los adversarios como seres humanos contribuye a las discusiones serias", dijo Mitchell. "Pero por supuesto de por sí no resuelve las diferencias".


Mitchell, quien también fungió como enviado estadounidense al Oriente Medio de 2009 al 2011, advirtió que la familiaridad no implica amistad, como evidencia el conflicto israelí-palestino.


Los guerrilleros en la capital cubana dicen que un núcleo reducido de negociadores que pasaron siete meses en La Habana este año sentando en secreto las bases del proceso de paz ahora en curso a veces tuvieron contacto social con los funcionarios colombianos, incluso en cócteles organizados por los diplomáticos noruegos garantes y los dos bandos también cenaron juntos en Oslo.


Sin embargo, no se repitió dicha confraternización desde que las conversaciones regresaron a La Habana, en parte debido a lo numeroso de los grupos y porque tomó tiempo establecer relaciones entre los recién llegados.


"Al comienzo no se había construido confianza, tal vez un poco de distancia, pero con el tiempo esa distancia fue cediendo", dijo el 29 de noviembre en una conferencia de prensa el jefe negociador de la guerrilla, Iván Márquez.


Tanja Nijmeijer, una holandesa que se unió a los guerrilleros hace una década y que es de entre las pocas mujeres en la mesa de negociaciones, dijo que "no es un ambiente de amigos, pero es placentero".


Eso contrasta radicalmente con la situación en Colombia, donde la declaración de un cese el fuego unilateral por parte de las Farc no ha puesto fin a las hostilidades.