Columnistas

La enciclopedia de la paz
Autor: Henry Horacio Chaves P.
10 de Diciembre de 2012


Mientras en La Habana, el Gobierno y las Farc dialogan y se habla de una mesa paralela de acercamiento con Eln, unas 3.000 personas de varias regiones y vertientes políticas se reunieron para hacerle propuestas a esa mesa de diálogo.


Mientras en La Habana, el Gobierno y las Farc dialogan y se habla de una mesa paralela de acercamiento con Eln, unas 3.000 personas de varias regiones y vertientes políticas se reunieron para  hacerle propuestas a esa mesa de diálogo. Fueron dos meses de sesiones en las comisiones de paz del Congreso, recogidas en “La Enciclopedia de la Paz”, documento enviado  a las partes y a los países garantes.


Una buena intención que seguramente recoge interesantes aportes de muchos sectores que deberían oírse en el proceso y que nadie escucha. Una iniciativa que tal vez les sirvió a algunos de desahogo y a otros les permitió estar en la foto de la paz. Nada que hacer, el mundo de lo público está lleno de todas esas especies. Pero unos y otros suman voces que terminan por convertirse en algarabía que nadie escucha. Seguramente la construcción de la llamada Enciclopedia de la paz haya sido un buen ejercicio de democracia, pero falta ver si sus destinatarios la leerán, si acaso sospechen que pueden escuchar algo distinto de sí mismos e incubar alguna idea nueva.


Hace 25 años, pocos días antes de ser asesinado en una calle de Medellín, el médico Héctor Abad Gómez, que por entonces era precandidato a la primera elección popular de alcaldes, asistió a un foro en la Universidad de Antioquia. Antes de comenzar su intervención, pidió un minuto de silencio en homenaje a José Ignacio Londoño, un estudiante de comunicación que había sido asesinado  hacía unas horas. En el foro, insistió en su tesis según la cual lo que había que matar en el país no era la gente sino el hambre. Habló de la importancia de la democracia local y del poder del pueblo, así como de la necesidad de manejar con honestidad los dineros públicos. Dos meses antes, en el mismo ciclo de conferencias que promovió la profesora Eugenia Vélez, el médico salubrista había hecho una detallada exposición de los momentos de guerra y paz del país, a propósito del proceso de paz del momento.


Tras el recuento de las múltiples violencias que atestiguó, el maestro Héctor Abad reclamó coherencia en el proceso de paz, “cumplir los pactos y respetar las treguas”. El médico creía que era mejor hacer “transformaciones estructurales económicas profundas, reforma agraria, reforma urbana” e invertir “mayor cantidad de dinero para la salud y la  educación, menos para la represión”. Esas y muchas reflexiones suyas fueron desatendidas, no solo por quienes lo mataron sino por quienes no lamentaron esa y otras muertes, por quienes de uno y otro lado han utilizado la guerra para su propio beneficio, y de tanto en tanto enarbolan la bandera y el discurso de la paz con igual intención.


La charla de Héctor Abad Gómez terminó reconociendo la importancia del pasado cuando es capaz de enseñarnos para el futuro, porque dijo, “el futuro es lo más importante para todos, aún para los viejos”. Pero ni sus palabras de entonces, ni la enciclopedia de hoy serán útiles a la paz o a las nuevas generaciones, si no hay quien las escuche, quien las lea y las ponga en práctica. Buenos propósitos y buenos ejercicios, pero inanes al final del camino.