Columnistas

De ciertas alegr韆s insanas
Autor: Bernardo Trujillo Calle
8 de Diciembre de 2012


Por supuesto que alguna encuesta que fue publicada hace poco sobre la imagen del presidente Santos y su gobierno fue alegremente comentada y exprimida hasta la 鷏tima gota

Por supuesto que alguna encuesta que fue publicada hace poco sobre la imagen del presidente Santos y su gobierno fue alegremente comentada y exprimida hasta la última gota por quienes andan a la espera de que fracase tanto el proceso de paz con las Farc, como las ingentes gestiones por enderezar las cargas que ya venían torcidas desde Pastrana y Uribe en lo relacionado con el fallo de la Corte Internacional de la Haya.  Les ha quedado imposible disimular, así sea por mera prudencia de colombianos, que de irse al traste cualquiera de las dos gestiones o las dos, con mayor razón, la pérdida inmensa que ello significa para el país afectaría a 45 millones y no la sola imagen del Presidente.


Tratar de sacarle provecho político (o politiquero) a estas dificultades que se están viviendo, es una felonía, un acto de deslealtad con la nación que ha puesto por conducto de sus gobernantes toda una estrategia de recuperación de lo que se ha perdido desde hace muchísimos años por incapacidad, desatención o tolerancia, no por lo que el actual gobierno haya hecho.  Fue durante el gobierno de Andrés Pastrana cuando se dio el primer paso en falso en el problema de nuestro mar caribe que más tarde, con la misma negligencia, el de Uribe repitió.  Pasados estos dos períodos sin haber tomado las medidas pertinentes por la Cancillería y los abogados que examinaron y decidieron el qué hacer, nada era ya posible para enmendar los errores, pues hay términos de caducidad que no pueden recobrarse por voluntad de una de las partes.


Resulta por consiguiente curioso, por decir lo menos, que vaya a ser el presidente Santos el responsable de la debacle causada por los dos gobiernos anteriores.  Sería tanto como hacer responsable al médico que acude a tratar de salvar el enfermo, y no a quienes lo llevaron al estado de calamidad. Si con esto los enemigos políticos (o politiqueros) del jefe de Estado quieren ganar votos en el río revuelto de la conmoción que causó el absurdo fallo que tiene adolorida la nación, creo que les conviene que busquen otro chivo expiatorio porque la verdad, la escueta verdad, es que “están buscando el ahogado río arriba”.


Lo otro, lo del proceso de diálogos de La Habana, que al decir del Presidente y las Farc marcha por buen camino, al punto de que han logrado los primeros acuerdos sin mayores dificultades y esperan llegar al final en noviembre del 2013, tiene también a los augures del fracaso metidos en la empresa de atacarla sigilosamente por los distintos medios a su alcance.  Resulta contradictoria la conducta del ministro de la defensa con la de los generales Naranjo y Rangel, pues mientras éstos últimos dan muestra de leal acompañamiento y disposición de sacar adelante el proceso, el doctor Juan Carlos Pinzón instiga, desconfía en voz alta, desafía y se sale del cauce de su misión que no puede ir a contrapelo de la de su superior.  Su formación militar a ultranza no lo deja pensar con libertad de lo que significa estar en la cúpula de la jerarquía castrense y tenerse qué acomodar a las reglas de una sociedad civil que aspira salir del conflicto de medio siglo de manera distinta a la del exterminio de las Farc.  Es obvio que la guerrilla tendrá obligación de confesar que tiene secuestrados y que los pondrá en libertad, pues sin esa premisa, no habrá confianza.


Concluyamos entonces que no se requiere ser santista, ni gobiernista, ni liberal, ni conservador, ni polista para apreciar los beneficios de una paz duradera que nos devuelva el derecho de ir por todos los caminos de Colombia sin peligro de ser asesinados o secuestrados por la guerrilla y, a la vez, alcanzar por medios diplomáticos y jurídicos los mayores beneficios para los hermanos del archipiélago de San Andrés.  Declarar la guerra a Nicaragua y sostener el conflicto interno con las Farc, es un pensamiento suicida, antipatriótico y digno de un tratamiento siquiátrico.


P.S: El gobernador y el alcalde han fijado con meridiana claridad una posición que hacía falta respecto a la distribución arbitraria, inconsulta y errónea de las regalías.  Sigue el Congreso atolondrado y Minhacienda ferrocarriliándolo.