Columnistas

Burocracias obstructivas
Autor: Alvaro T. López
27 de Noviembre de 2012


Hace algunos días, uno de los periódicos de la ciudad trae resaltada una frase del señor Alcalde, quejándose de las trabas que se producen al interior de la Administración, por empleados obedientes de intereses personales o grupistas

Hace algunos días, uno de los periódicos de la ciudad trae resaltada una frase del señor Alcalde, quejándose de las trabas que se producen al interior de la Administración, por empleados obedientes de intereses personales o grupistas, que aspiran a ver fracasar la gestión municipal. “Hay una estrategia de personas que están creando un ambiente irreal. Son contradictores políticos, porque uno no puede creer que ya aquí desaparecieron los que estaban hasta el 30 de octubre detrás de equis o ye candidatura”.


El fenómeno de la dictadura de los mandos medios existe, señor Alcalde, pero no es tan simple. Es cierto que tiene Usted enemigos políticos al interior mismo de la alcaldía, pero también es cierto que hay un cáncer que carcome el mundo moderno que, incluida la antes impoluta Antioquia, deteriora y detiene cualquier intento de superación colectiva, que es la corrupción. Las alianzas electorales impiden muchas veces la actuación del gobernante de manera limpia e independiente, porque las fichas impuestas se vuelven intocables. Esas agregaciones corrompen el pensamiento central de la administración porque, se quiera o no, el funcionario nombrado en esas condiciones tiene jefes anteriores y jerárquicamente superiores al Alcalde, a quienes realmente les debe obediencia. En ambos casos asistimos a realidades ominosas contra la administración pública, que a la larga son acciones en contra de sus usuarios naturales, que somos los ciudadanos inermes.


En el proceso electoral, en las campañas de los candidatos se van conformando programas y equipos de personas, que perfilan lo que en su momento será el programa de gobierno. Se pensaría que es el momento ideal para determinar ideas y formar líderes, pero, entendible más no por eso justificado, en los gabinetes aparecen personas de última hora que desplazan a los forjadores de estrategias. ¿Podrá el gobernante estar tranquilo con alguien que no entiende sus propósitos? Si a esto le sumamos que la inexperiencia vuelve al funcionario presa de la burocracia eternizada, llena de resabios y conocedora de los mecanismos más torvos para engañar y lucrar, completamos el paisaje desolador que impide la ejecución de las mejores propuestas.


Y todavía quedan los más peligrosos, los que se dicen amigos del mandatario, sin realmente serlo, y usan su generosidad para usurpar autoridad y pensamiento; son los que se creen mejor que el jefe de la administración, los que creen que ellos debieron ser los elegidos, los que se sienten autorizados para dar codazos y generar universos paralelos. Cada retardo, cada interferencia, cada acción contra procesos exitosos, cada coima, cada jefatura alterna, constituyen circunstancias que desvían y corrompen la Administración. De ahí la importancia de la micro-gestión, pues no deberá el gobernante confiarse plenamente de sus subalternos, ni dejarse aislar, ni permitir exclusividades ofensivas, pues pueden ser las formas de esconderse que tienen los corruptos.