Columnistas

Empleo - Tributaria - Educados
Autor: Alberto Maya Restrepo
19 de Noviembre de 2012


Escuché por radio una discusión entre funcionarios públicos de Bogotá y una Concejal del Distrito sobre el bicitaxismo en esa ciudad.

Escuché por radio una discusión entre funcionarios públicos de Bogotá y una Concejal del Distrito sobre el bicitaxismo en esa ciudad. La conclusión es que tal actividad no cuenta con reglamentación alguna y, lo peor, ni el Ministerio de Transporte ni la Administración de Bogotá hacen nada por poner en cintura ese asunto que, según indicaron, representa transporte para 150.000 personas al día en Bogotá. El bicitaxismo, entiendo, se da en varias ciudades del país, particularmente en aquellas que son más bien planas, pues por las características de los vehículos ni pensar que vayan a lugares altos. En ese medio se provee transporte “a su propio riesgo” porque los que conducen tales bicicletas o triciclos no tienen un Cristo en qué morir y por nada responden en caso de accidente.


Si bien el tema merece atención inmediata, hay que reconocer que el mayor alimentador de tan informal modo de mover personas es el alto índice de desempleo que se registra en el país y, particularmente, en ciertos estratos sociales y en ciudadanos de ciertas edades. O sea, mientras la gente no encuentre formas de ganarse la vida y de estar honradamente ocupada se tendrán casos como el aquí comentado. Luego, en este problema que toca a todo el país hay que mirar algo más allá y así se llega a la conclusión de que lo que más se necesitan son empleos de buena calidad para que no proliferen actividades no reguladas a costo y riesgo de usuarios desprotegidos.


Por otra parte, mucho se habla de los pimpineros, o sea de quienes en los departamentos fronterizos con Venezuela ingresan gasolina que acá revenden a precio sustancialmente menor que el regulado oficial colombiano. También en estos días decían que entre la Guajira y el Cesar hay unas 25.000 familias viviendo de ese tráfico ilegal de combustible. Es decir que, mientras ellos no encuentren empleos de buena calidad, seguirán en esa peligrosa actividad.


Diferentes caminos, pues solamente me he referido a dos ejemplos, conducen a que falta mucho más empeño del ejecutivo en propiciar la creación de empleos de buena calidad. Además, habría que ver si el Dane tiene, digamos, a los bicitaxistas y a los pimpineros registrados como desempleados, ya que como trabajo sí tienen, pero en las peores condiciones de seguridad social.
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El Congreso, dentro del descrédito en el que se mueve, pareciera que está aprovechando la discusión de la reforma tributaria para “hacer méritos” ante la opinión pública, tratando de que se olvide aquel desastre de la reforma a la justicia o el no haberse aplicado en laborar más y gastar menos, aspectos, entre otros, base de dicho  descrédito. Así, lo que pareciera que era una reforma tributaria con cierto norte y cierta lógica, va a convertirse en otro remiendo más de la legislación tributaria que, como está hoy, es una colcha de retazos, de difícil manejo y con complejidades que ningún gobierno se ha preocupado por eliminar presentando al Congreso algo nuevo, ordenado y coherente. Lo dije en escrito anterior: muchas veces es más penoso tener que preparar una declaración de renta que el hecho mismo de pagar impuestos.
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Viendo la agilidad y la disposición de recursos que ha mostrado el Gobierno centralista para adelantar las obras en la vía de Bogotá a Villavicencio, se pregunta uno si el melifluo gobierno departamental de Antioquia podría tener carácter, energía y decisión política para encarar al centralismo y buscar así que en este departamento hagan con igual prontitud las autopistas que nos urgen. Como que lo que se quiere aquí con “ser los más educados” es que cuando se solicite algo se haga, por ejemplo, así: amables y queridos señores del altiplano, vean si les sobran unos pesitos y nos hacen siquiera unos métricos de autopistas, claro, cuando les quede bien porque aquí nos encanta montar en mula en vez de ir en carro a 80 por hora por buenas vías. Gracias por su limosnita.