Editorial

Cañando con paro armado
14 de Noviembre de 2012


Las muy enfáticas declaraciones del ministro Pinzón y la determinación y contundencia con que siguen actuando las FF.AA., nos dan la tranquilidad de que la renuncia a la ofensiva militar no figura en las cuentas del Gobierno.

Los colombianos tenemos que condenar el ataque con cilindros bomba del pasado domingo contra la población de Suárez, Cauca, que dejó 25 heridos, una casa destruida y 60 más averiadas. Así como el atentado del 5 de noviembre en Balboa, en el mismo departamento, que causó cuatro heridos y daños en un centenar de viviendas. Con esos ataques cobardes contra la población civil, las Farc desnudan su impotencia para enfrentar a las FF.AA. y apelan a actos aislados de terror con la pretensión de valorizar su posición en la mesa de negociaciones.


Pero hoy debemos referimos concretamente a la quema de dos vehículos el fin de semana en parajes desolados de la carretera entre Pereira y Quibdó, que algunos medios, sobre todo audiovisuales, corrieron a interpretar como “evidencia” de que estaba en marcha un ‘paro armado’ en el Chocó, dizque ‘decretado’ -es la palabra que usan algunos despistados reporteros- por esa narcoguerrilla. A los terroristas les bastaron unos grafitis amenazantes del frente 34, aparecidos hace varios días en sitios públicos de Quibdó, y unos volantes que circularon en el comercio y los despachos de empresas de transporte, para que, con la gratuita caja de resonancia mediática, consiguieran su propósito de sembrar zozobra entre la población y que, efectivamente, se viera afectado en un principio, aunque en forma mínima, el transporte terrestre y fluvial.


Bien conocida es nuestra posición sobre el proceso puesto en marcha por el Gobierno del presidente Santos en búsqueda de un ‘tratado de paz’ con una guerrilla derrotada y en consunción. No vamos a insistir en los motivos por los que consideramos innecesario e inconveniente ese nuevo intento de negociar con terroristas los fundamentos de la democracia. Pero, en medio de todo, hay que celebrar que el Comandante Supremo no haya cedido -por lo menos hasta ahora- ante el canto de sirena de los apaciguadores que, haciendo coro a los ‘comandantes’ terroristas en la mesa cubana, presionan por un cese bilateral de hostilidades o, como mínimo, por una ‘tregua navideña’.


Al menos las muy enfáticas declaraciones del ministro de Defensa y la determinación y contundencia con que siguen actuando los comandantes y las tropas de todas las fuerzas en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico en todas sus manifestaciones, nos dan cierta tranquilidad en que tal escenario de renuncia a la ofensiva militar no figura en las cuentas del Gobierno.           


Con respecto a la situación del Chocó, por ejemplo, el ministro Juan Carlos Pinzón ha estado a la altura de lo que esperamos de él la inmensa mayoría de los colombianos y, en particular, los chocoanos, frenados en sus anhelos de paz, progreso y desarrollo no solo por la acción de los corruptos que han esquilmado ese departamento por décadas sino también por organizaciones criminales de todos los pelambres, que han hecho de su territorio un escenario propicio para sus negocios de droga, tráfico de armas, contrabando y minería ilegal.


Compartimos con el ministro Pinzón su criterio de que “no es posible que unos terroristas saquen unos panfletos y haya sectores que consideren que esa es razón suficiente para parar actividades. Nos parece que la gente debe ser consciente de que no se le puede hacer el juego a los terroristas y que la Fuerza Pública está ahí para escoltarlos”. No los mencionó, pero se refería seguramente a empresas de transporte que, en pleno puente festivo, les dio por no despachar buses desde Medellín y Pereira hacia Quibdó, y viceversa, con grave perjuicio para miles de personas que no tienen con qué pagar un tiquete aéreo. Para el ministro de la Defensa, se trata de un “paro de papel” y en eso estamos de acuerdo. La actitud que se espera de transportadores, comerciantes, usuarios y ciudadanía en general, es de confianza en las autoridades y de rechazo erguido a quienes pretenden amedrentarlos.