Editorial

El fin de la ‘guerra del banano’
9 de Noviembre de 2012


En marzo de 2005 los nueve países productores demandaron ante la OMC y, en noviembre de 2009, un laudo arbitral les dio la razón. Allí comenzó a gestarse el acuerdo Gatb, cuyo final feliz estamos celebrando.

Si hay alguna contienda diplomática y jurídica memorable en el complejo escenario del Derecho Comercial Internacional en la que haya participado Colombia, solidariamente con los demás países productores, es la que debió enfrentar Latinoamérica desde comienzos de la década del 90 para conseguir que la Unión Europea diera un trato equitativo al ingreso del banano de la región.


Por las informaciones que nos llegan de Ginebra, a través de la agencia EFE, la llamada “guerra del banano” habría quedado definitivamente zanjada este jueves, con la firma de un acuerdo que pone formalmente fin a ocho procesos de disputa vigentes sobre banano ante la Organización Mundial de Comercio, OMC. Por la UE firmó su embajador ante la OMC, el griego Angelos Pangratis y por la contraparte latinoamericana los representantes de Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú y Venezuela.


En realidad, se trató de la puntada final al llamado Acuerdo de Ginebra sobre Comercio del Banano -Gatb- firmado por la UE y los citados países latinoamericanos en diciembre de 2009, y que aun no había sido ratificado por la falta de una certificación completa de la OMC a las reducciones arancelarias allí acordadas.


En aquella ocasión saludamos en estas columnas ese gran triunfo de Latinoamérica, pues la fórmula consensuada entre las partes establecía una rebaja de 62 euros por tonelada métrica de la fruta en un plazo de ocho años, partiendo desde los 176 euros, arancel vigente en ese momento, en una reducción gradual año por año hasta culminar en 114 euros por tonelada en 2017. A cambio, los países latinoamericanos se comprometían a retirar sus demandas contra la UE ante la OMC. La noticia dice que aunque las acordadas reducciones de aranceles ya se aplicaban de manera provisional por parte de Bruselas desde junio de 2010, aún faltaban algunos trámites, como la certificación del acuerdo por parte de la OMC, que se produjo el pasado 27 de julio, y la certificación del fin de las disputas, que fue lo que se notificó esta semana ante el Órgano de Solución de Disputas y se firmó en presencia del director general de la OMC, Pascal Lamy.


Llama la atención la efusividad y el lirismo con que el señor Lamy se refiere al acto de marras: “Tras más de 20 años de litigios y desacuerdos, finalmente hemos puesto a dormir a la saga del banano. Las partes han acordado de mutuo acuerdo terminar sus disputas... Podemos estar orgullosos de lo que hemos logrado”. Por ironías de la vida, quien así habla es la misma persona que en octubre de 2004, fungiendo como comisario de Comercio de la UE, anunció que “a partir del 1 de enero de 2006, el arancel del banano procedente de Latinoamérica pasará de 75 a 230 euros”. Anuncio que cayó como un mazazo entre los productores de la región, pues significaba un incremento del 307 %, lo que, de haber sido aplicado, en el caso de Colombia se habría traducido -según cálculos de la época- en una caída anual de divisas en cerca de US$250 millones, para no hablar del ruinoso efecto sobre las empresas, el empleo y el desarrollo de regiones como el Urabá y el Magdalena.


Esa absurda política de los europeos, que como escribimos entonces, se comportaban como el gitano en la feria, que pide por la mula el doble de lo que espera sea su precio final, envalentonó a los latinoamericanos en su lucha por el derecho a competir en igualdad de condiciones con los productores del grupo ACP (África, Caribe y el Pacífico, en su mayoría excolonias europeas). Por eso, a falta de acuerdo con la UE, en marzo de 2005 los nueve países productores demandaron ante la OMC y, en noviembre de 2009, un laudo arbitral les dio la razón. Allí comenzó a gestarse el acuerdo Gatb, cuyo final feliz estamos celebrando.