Columnistas

¿Cómo enfrentar el conflicto?
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
8 de Noviembre de 2012


Que en la Comuna 8 de Medellín desmembraron a dos jóvenes que se habían atrevido a cruzar unas “fronteras invisibles”; que en la 13 asesinaron a dos policías cuando pretendieron verificar la ocurrencia de un delito

Que en la Comuna 8 de Medellín desmembraron a dos jóvenes que se habían atrevido a cruzar unas “fronteras invisibles”; que en la 13 asesinaron a dos policías cuando pretendieron verificar la ocurrencia de un delito; que varios muchachos que departían en una esquina de su barrio fueron acribillados por otros que se movilizaban en motos; que las balaceras no cesan en sectores de las comunas 8, 13 y 16; que varios artistas y raperos han sido amenazados por el único hecho de cantar y tocar su música; que “los urabeños” tomaron posesión de territorio antes dominado por alias Sebastián o Valenciano… Son, entre otros, los registros noticiosos con que nos abruman los medios de comunicación. Registros que reflejan la realidad del conflicto que padecemos. Aunque algunos lo distorsionan para bien de sus intereses.


El problema no es el conflicto en sí, sino cómo lo están enfrentando las comunidades, las instituciones y las autoridades en general. Esta sociedad ha sufrido recientemente un sinnúmero de desgarramientos que ponen en evidencia las consecuencias y alcances del accionar de grupos organizados al servicio del crimen. Son, en definitiva, factores de orden estructural que en cierta forma distorsionan la naturaleza de dicho conflicto.


La ciudad se enfrenta a una gran empresa criminal cuyos orígenes están ligados al accionar de los carteles de la droga, de las bandas del comercio ilegal y de las agrupaciones que defienden territorios al servicio del narcotráfico y del microtráfico y a la desidia de un Estado y un modelo económico voraz; también, a factores culturales, sociales, políticos y económicos que generan su propio statu quo. Pero todavía las soluciones se aplican en forma de choque, o de acuerdo con la coyuntura, cuando no están supeditadas a la posibilidad de dar captura a jefes o mandos medios, mientras permanece intacta la superestructura que alienta la ola criminal.


Solo será posible resolver estos asuntos si se emprenden acciones que lleven a modificar actitudes y políticas, para abandonar las rutinas y los modestos y previsibles planes institucionales con que se pretende enfrentarlos. Y solo si se fortalece un liderazgo claro en estos asuntos como expresión de una estrategia y política pública bien fundamentada.


Las transformaciones que enorgullecen la ciudad podrían reflejarse también en el escenario de la paz y la tranquilidad ciudadana solo si se encara la problemática con acciones audaces, se desatan procesos que transformen la realidad y que estén caracterizados por cambios en la manera como intervienen Estado e instituciones, mientras el empresariado asume un papel predominante (no el actual) y se concretan pactos para reestructurar la manera de actuar y convivir en Medellín.


De resto, se repetirá el ciclo del conflicto y en el entretanto, la maquinaria criminal se adaptará a las nuevas exigencias, pese al querer de los efímeros líderes.