Columnistas

Siria y Colombia
Autor: Juan Manuel Gal醤
29 de Octubre de 2012


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Siria puede ser la manifestación más sangrienta que ha tenido la Primavera Árabe hasta la fecha. Este conflicto, entre fuerzas de la oposición y grupos aliados al presidente Bachar al Asad ha hecho que Colombia actúe, no solo por presidir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas  sino por la importancia que ha tenido la inmigración sirio-libanesa en nuestro país.


El balance a la fecha del conflicto sirio es alarmante. Según cifras oficiales de la ONU, 46.760 personas han sido asesinadas, 28.000 personas reportadas desaparecidas y alrededor de 1,2 millones de sirios desplazados. El alto costo en vidas humanas y el sufrimiento de la población civil han generado lentamente posiciones de la comunidad internacional a favor y en contra del régimen sirio de Bachar al Asad. De un lado, Francia ha mostrado un fuerte respaldo a los llamados rebeldes, junto a Turquía, Arabia Saudita y Catar quienes han apoyado al llamado Ejército Libre Sirio. De manera similar, la Liga Árabe, Estados Unidos, la Unión Europea y los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo, han insistido en lograr una salida pacífica del conflicto y condenado el uso de la violencia contra los manifestantes. De otro lado, el Gobierno sirio es apoyado por países como China y Rusia que se han opuesto a los intentos de la ONU de sancionar el baño de sangre que promueve el presidente Al Asad  e intervenir militarmente, al igual que Irán quien apoya ampliamente este régimen.


En este escenario, Colombia no puede mantenerse en silencio. En primer lugar, por la amplia inmigración árabe en este país, que según el investigador Néstor Astudillo inició desde finales del siglo XIX hasta nuestros días y en segundo lugar, por haber asumido la presidencia del Consejo de Seguridad y tener la obligación de coordinar y facilitar el apoyo de la comunidad internacional a la resolución del conflicto.


En efecto, la población árabe en Colombia viene creciendo desde hace varios años. Según Louise Fawcett de Posada y Eduardo Posada Carbó, los primeros árabes que llegaron a Colombia durante la última década del siglo XIX, eran principalmente jóvenes solteros que venían siguiendo relatos maravillosos sobre grandes oportunidades en el continente americano. Afirman los investigadores que debido a la invasión otomana los emigrantes partían con un pasaporte turco, lo que causó confusión en los países de destino en donde recibieron el alias de “turcos” a pesar de tener orígenes sirio-libaneses. Al parecer, es imposible saber con exactitud cuántos sirio-libaneses han inmigrado al país, sin embargo, constituyen un importante grupo que ha apoyado nuestro desarrollo económico, demográfico y social. Solo por mencionar algunos ejemplos, se han destacado colombianos de origen árabe como Julio César Turbay en la política, Juan Gossaín y Yamid Amat en el periodismo y Shakira Mebarak en la música.


En segundo lugar, dada su posición en la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU, Colombia ha hecho importantes manifestaciones sobre su papel de facilitador en el conflicto sirio. El presidente Santos ha condenado la represión violenta del Gobierno sirio a los opositores, hizo un llamado a la definición de una salida a la crisis y resaltó el papel de las mujeres árabes en la consolidación de un sistema democrático.


Como lo ha dicho la Presidencia: La democracia y la violencia son dos palabras que para Colombia significan mucho. Esperemos que las buenas gestiones en el Medio Oriente, alumbren el próximo mes a una isla en el Caribe que albergará las esperanzas de millones de colombianos en conseguir la paz.