Columnistas

El di醠ogo con Ch醰ez es imposible
Autor: Fernando Ochoa Antich
19 de Octubre de 2012


Si entendemos esta realidad no nos queda otro camino que continuar la lucha.


El diálogo es un principio fundamental de la democracia. Exige el respeto a la manera de pensar del adversario, que hoy puede estar en el gobierno y mañana en la oposición. Requiere, además, de una visión pluralista de la sociedad que entiende y reconoce la existencia de distintas visiones del hombre. Hugo Chávez no piensa de esa manera. Él quiere imponer un sistema político, una ideología totalitaria, sin dejar ningún margen para que puedan convivir otras formas de pensar. Convocó al diálogo a la oposición democrática, al día siguiente de las elecciones, porque percibió que el mensaje de concordia de Henrique Capriles había tenido durante la campaña electoral un importante impacto en la opinión pública. Ya lo veremos, de nuevo, ofendiendo a todo el que lo adversa, utilizando los mismos términos irrespetuosos y ofensivos. 


Si entendemos esta realidad no nos queda otro camino que continuar la lucha. El triunfo de Hugo Chávez fue realmente una tragedia. Ciertamente, que hubo un permanente abuso de poder en todos los órdenes de parte del régimen, fundamentalmente en la exagerada hegemonía comunicacional, en el control de las instituciones del Estado y en el uso abusivo del dinero público, pero también obliga a una serena reflexión: no es posible seguir haciendo política en medio de una dispersión de pequeños partidos, sin ninguna capacidad organizativa y sin un verdadero compromiso ideológico que transforme a sus militantes en reales activistas que permita desarrollar una acción política permanente en todo el país, para lograr acercarse a los sectores populares de la sociedad mediante un verdadero proyecto de justicia social.


Lo primero que hay que entender para poder continuar la lucha es que el chavismo ha logrado una compenetración popular sólo comparable con fenómenos históricos latinoamericanos como el peronismo. Es verdad que no tiene la estructura del sindicalismo argentino ni su acción política ha tenido la misma significación, pero es un adversario político muy difícil de derrotar. De todas maneras, un análisis frío del resultado electoral muestra claramente que la oposición se fortaleció de manera importante con relación a la última elección presidencial, y el chavismo, al contrario, perdió cerca de dos millones de votos. Es verdad, que si comparamos el actual resultado con el número de votos obtenidos por la oposición en las elecciones parlamentarias no logramos consolidar ese extraordinario triunfo, pero pudimos preservar la unidad de las fuerzas democráticas.  


La oposición tiene un reto inmediato: conservar las numerosas gobernaciones que obtuvimos en la anterior elección. Contamos con un excelente liderazgo regional, muy superior al chavista, que nos puede garantizar el triunfo. No puede haber espacio para la desmoralización y el cansancio. Mucho menos, para empezar a buscar algún responsable de cualquier error que se pueda haber cometido durante la campaña presidencial. A los pocos meses, tendremos elecciones municipales. Está demás resaltar su importancia. Debemos hacer el máximo esfuerzo para triunfar. Hay que dejar a un lado las rivalidades entre los partidos políticos y respaldar plenamente al candidato seleccionado. Una muestra de grandeza la dio Carlos Ocariz al ceder la gobernación de Miranda y aceptar ir a defender la bandera de la unidad en el municipio Sucre.


Este ejemplo es muy importante. Muestra el peso que tiene Henrique Capriles en su generación política. Además, le da la oportunidad de consolidar una gestión a favor de los sectores populares de Miranda. Es verdad que el chavismo buscará por todos los medios acorralarlo para hacerlo fracasar, pero Henrique Capriles ya demostró la suficiente garra política para enfrentar cualquier tipo de emboscada. La estrategia inmediata de la oposición debe ser fortalecer su liderazgo para que pueda acompañar a los candidatos de la oposición en sus respectivas campañas electorales. Sin mezquindades, en estos tiempos de confrontación política, debe ser el jefe de la oposición democrática. Después, su propia personalidad y éxito personal marcará su destino... Eso sí, su figura política permanecerá en la imaginación popular por muchos años.


*Ex canciller y ex min-Defensa venezolano