Columnistas

La monogamia
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
25 de Septiembre de 2012


Retomando varias lecturas, la multiculturalidad de hoy exige amplitud de criterio y libre pensamiento. Con respecto a la monogamia, los pretextos religiosos de Occidente parece que van en contrav韆 de la realidad animal y humana.

Retomando varias lecturas, la multiculturalidad de hoy exige amplitud de criterio y libre pensamiento. Con respecto a la monogamia, los pretextos religiosos de Occidente parece que van en contravía de la realidad animal y humana. En gracia de discusión, de la comunidad mamífera sólo un 3% es monógama. Ejemplos de mamíferos monógamos son: las orcas, algunos roedores y el ser humano (no en todos los casos). Ejemplos de aves monógamas son los pingüinos, los cuervos, los loros y las águilas.


En un estudio que realiza el antropólogo Ford junto con el psicólogo Beach, 4 de cada 185 sociedades humanas encuentra que menos del 16% restringen sus miembros a la monogamia, pero solamente 5% desaprueban sexo extramarital.


En otro estudio de estructura social que abarca 238 diferentes sociedades humanas alrededor del planeta, Murdoch encontró matrimonio monógamo en solo 43 de ellas; esto es, un porcentaje similar de alrededor de 16%.


Con la llegada del judaísmo continúa la transformación. El Antiguo Testamento regula las conductas sexuales “apropiadas”. El matrimonio tenía como finalidad la descendencia, de manera que los hombres podían casarse con varias mujeres (recordemos el ejemplo del Rey Salomón, que supuestamente tuvo 700 mujeres y 300 concubinas), pero si las mujeres mantenían relaciones con otros hombres que no fueran sus maridos podían ser apedreadas. En la cultura egipcia el incesto estaba permitido y la circuncisión formaba parte del ritual de iniciación a la adolescencia. En Grecia se toleraba la homosexualidad entre hombres adultos y adolescentes, y por el contrario se valoraba a las mujeres como una “gyne”, es decir, “portadoras de hijos”.


Por otro lado, existen diferentes teorías que entienden la monogamia como una consecuencia del sistema social basado en la propiedad privada. En la prehistoria, en el momento en que se poseyeron bienes individuales (agricultura, ganadería) existió la voluntad de traspasarlos como herencia, de manera que se quiso asegurar la descendencia, y fue entonces cuando apareció la monogamia.


Siguiendo la línea de estas teorías y acercando la mirada a la actualidad, la monogamia dentro del complejo familia-matrimonio no solo fomenta la propiedad privada sobre bienes materiales, sino que entiende a la pareja -a las personas- como propiedad. La exclusividad sexual y amorosa que se da dentro de la monogamia puede verse como un sentimiento de posesión hacia la otra persona.


Otra dificultad que experimenta la monogamia es la infidelidad o el engaño, pues las relaciones sexuales y románticas fuera de la pareja estable, superan en muchos estudios más del 50%, en proporciones ligeramente superiores entre hombres y mujeres. En este sentido Freud afirmaba que “todos somos polígamos reprimidos”.


Desde las perspectivas construccionistas, la monogamia se entiende como un hecho social y cultural, es decir, una realidad construida a partir de los discursos generados dentro de un sistema político, económico y social determinado. De esto se desprende la desnaturalización de la monogamia, el romper con las teorías biológicas que determinan la monogamia como parte de la genética humana y que consideran imposible (o no conveniente) la existencia de otras prácticas sexuales y afectivas diferentes a la monogamia.


Entender la monogamia como una construcción social permite la aceptación de otros tipos de relación y evita la criminalización de otras prácticas como podría ser el ‘poliamor’, la poligamia u otros tipos de relaciones afectivo-sexuales libres que no están definidas, pero que sin tener nombre existen.


‘Poliamor’ es un neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados. El individuo que se considera a sí mismo emocionalmente capaz de tales relaciones se define a sí mismo como poliamoroso.


En todo caso, a estas alturas del partido, hay que tener mucho cuidado con aquello de “creced y multiplicaos”.