Columnistas

Oro por espejitos
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
19 de Septiembre de 2012


En sus deliciosas páginas de Colombia es un Tema, Jorge Orlando Melo nos cuenta que la conquista de Antioquia (1500-1580) fue parte de un proceso general para incorporar el mundo americano a la sociedad europea

En sus deliciosas páginas de Colombia es un Tema, Jorge Orlando Melo nos cuenta que la conquista de Antioquia (1500-1580) fue parte de un proceso general para incorporar el mundo americano a la sociedad europea, partiendo de la necesidad de obtener un control militar de las zonas de colonización para someter a los pueblos indígenas de esta comarca y, por otra parte, se buscó que este proceso tuviese un rédito económico que pagara el precio de financiación realizado por comerciantes y prestamistas en tierras del maíz y de la arepa.


La conquista de estas breñas dio origen a poblados y asentamientos que deberían ser aprovisionados y se hizo a través del saqueo del oro acumulado por los aborígenes para ser utilizados en sus rituales o convertirlo en abalorios propios de su estética, pasando a manos de los españoles a través de métodos violentos o usando artimañas confundidas como tratos comerciales, donde los indígenas entregaban sus riquezas minerales a cambio de espejos, tijeras, herramientas, cuentas de vidrio y demás baratijas.


Como en épocas de la conquista, el presente y futuro de nuestro departamento se encuentra comprometido por el mismo espejismo: oro por baratijas. El suroeste antioqueño, solo por señalar una de nuestras más ricas regiones en biodiversidad, parece que está en la mira de los nuevos invasores con la anuencia del gobierno nacional con su delirante idea de la locomotora de la minería. ¿Cómo hacerle entender al Departamento Nacional de Planeación que todos los países en vías de desarrollo y que son ricos en recursos naturales, son inmensamente pobres y que la minería que se “desarrolla” en ellos, está asociada a problemas de orden público: presencia de bandas criminales, prostitución, incremento de bares y cantinas, el boleteo, la extorsión, la baja escolaridad, salud precaria de sus  pobladores, contaminación de las fuentes hídricas, desaparición de la fauna y de la flora entre muchos otros males tan parecidos a los que trajo la conquista española.


Bien conocido es por todos que las grandes compañías mineras, antes de iniciar sus etapas de destrucción masiva, realizan avanzadas engañosas en las poblaciones vecinas a sus proyectos, anunciando entre sus pobladores las bondades de megaindustria. Y como el esquivo oro que sacan de las entrañas de las tierras, así son de esquivas las migajas que se entregan por parte de estos nuevos “conquistadores”. ¿Cómo puede entenderse que en un municipio como Jericó y pletórico de recursos naturales, parte de su población considere que los 72 millones de pesos entregados a estos y representados en balones de fútbol, telas, hilos, pinturas, agujas y refrigerios otorgados por una compañía minera,  valen más que todo su potencial turístico como es el caso del Parque Natural de las Nubes con toda su riqueza hídrica, faunística y florística?  Volvemos a los tiempos señalados. Todo un acervo natural y cultural en peligro de extinción a cambio de unas poquísimas cuentas de metal.


A manera de ejemplo de cómo se endosan nuestros recursos, en muchas de sus alocuciones presidenciales, nuestro premier mandatario se ha jactado de que somos uno de los primeros países de mayor riquezas y de biodiversidad, pero al mismo tiempo juega golf con el dueño y amo de la compañía canadiense Prima Colombia Hardwood Inc, que se ha “tragado” la medio bobadita de 45.000 hectáreas de bosques de maderas nativas y ubicados entre Bahía Solano y Juradó.  ¡Valiente reconocimiento! Después entrarán las dragas y los buldóceres a extraer los metales. ¡Ya verán!


Un país centroamericano como Costa Rica pudo entender que todo su potencial turístico representado en su biodiversidad estaba siendo asechado por un montón de corsarios metalizados y delirantes por la fiebre aurífera. Acudió a su Congreso y aprobó por unanimidad en el año 2010 una reforma a la ley minera con el objetivo de prohibir este tipo de explotaciones en los refugios de vida silvestre y en casi todo su territorio.


La ley 388 de 1997, más conocida como Ley de Desarrollo Territorial, debe ser debatida de nuevo en el Congreso para ser reformada y dejar de una vez por todas la minería a cielo abierto sin respaldo alguno, de lo contrario, tanto nuestro departamento como el país estará cada vez más cercano a parecerse al suelo lunar.