Columnistas

Sí, pero no
Autor: Iván Guzmán López
21 de Agosto de 2012


Mientras al expresidente Uribe le dio por disparar twitterazos a diestra y siniestra, sin reparar en el daño que esas “balas perdidas” puedan hacer, al vicepresidente de la República, Angelino Garzón (¡todavía lo es!)

Mientras al expresidente Uribe le dio por disparar twitterazos a diestra y siniestra, sin reparar en el daño que esas “balas perdidas” puedan hacer, al vicepresidente de la República, Angelino Garzón (¡todavía lo es!), le dio por publicar en cuanto medio esté a su alcance, singulares cartas  abiertas (para algo ha de servir su largo período de convalecencia). Una de ellas, fechada a 30 de julio de 2012, en Bogotá, advierte que “Es necesario un diálogo social nacional para resolver la crisis del sistema de salud”. Aunque es claro que “El Diálogo Social Nacional” que pide Garzón, más parece un salvavidas desesperado que se autolanza al mar de la opinión, pues hace buen rato se dio cuenta de que la clase política que ayudó a legitimar lo quiere más como muerto político que como vice, debo decir que Garzón tiene plena razón al caracterizar a la salud como en grave “crisis estructural”.


Dice en su carta abierta, el otrora “brillante defensor de la clase obrera”: “Se necesita un sistema único de salud para todos y todas, que le aporte a la justicia social y a la calidad de vida de la población; este es uno de los principales renglones para una verdadera política social del Gobierno del presidente Santos. El sistema de salud en Colombia ha avanzado. (…). Sin embargo, persisten problemas en calidad, oportunidad y humanismo en la prestación del servicio, como también franco deterioro en las condiciones laborales y salariales de los trabajadores del sector. En el conjunto del país, y con mayor preocupación en algunas regiones, los indicadores de salud de la población no mejoran. Presentan grandes dificultades factores como la mortalidad materna y la infantil; las enfermedades crónicas, como hipertensión, diabetes, insuficiencia renal y los trastornos cardiovasculares; las infecto-contagiosas, como tuberculosis, paludismo, dengue, parasitismo y de transmisión sexual; las asociadas a los problemas estructurales de nuestra sociedad, como desnutrición infantil, y todo lo que se deriva de la violencia que nos aqueja, incluyendo los crecientes problemas de salud mental en jóvenes y adolescentes. (…). Durante muchos años, de diferentes formas y desde diversos actores del Estado y la sociedad, se ha hecho manifiesta esta crisis del sistema de salud, incluyendo la paradoja de cerrar centros pediátricos por no ser rentables, cuando, a la vez, se nos enferman y mueren los niños y las niñas en el país.


Los llamados de atención a la crisis estructural del sistema de salud han provenido principalmente de la Corte Constitucional, del Consejo de Estado, de la Procuraduría General de la Nación, de la Contraloría General de la República, de la Defensoría del Pueblo y del propio presidente de la República, Dr. Juan Manuel Santos Calderón. Los llamados angustiantes los han hecho alcaldes y gobernadores, sus secretarios y directores de salud y las diversas organizaciones sociales afectadas, en especial las organizaciones de pacientes que ven morir a sus hijos, padres y abuelos, después de acudir a todas las formas de exigencia de sus derechos”.


La realidad que cita, amigo  vice,  es espantosa. Pregunto: si los llamados de atención a la crisis estructural del Sistema de Salud han provenido principalmente de los sectores que usted cita, ¿se necesitan más diálogos sociales? Si el propio presidente Santos ha denunciado a las EPS, ha hecho públicas las redes de corrupción, y ha puesto en evidencia el fracaso del sistema, ¿se necesita más concertación? Concertación, ¿con quién?, ¿con los poderes económicos?


El sector de la salud ha hecho propuestas claras. Es hora de actuar. La inicua Ley 100 legitimó la impunidad. ¡La salud no puede ser un negocio!; debe ser una responsabilidad del Estado. Lo grave de todo este asunto es que mientras el presidente Santos dice en público sí, hay que acabar con este sistema, parece que en privado dice no.


Puntada final: por lo visto, al presidente le gusta todavía una quejosa canción de los años 80: “sí, pero no, que no que no...”