Columnistas

Dios, Patria y Región
Autor: David Roll
15 de Agosto de 2012


Hace unas semanas alguien escribió una columna en otro medio en la que afirmaba que los conceptos de Dios y Patria eran falsos, puras elucubraciones mentales, que además desviaban a los pueblos de la solución de sus problemas por la vía democrática.

Hace unas semanas alguien escribió una columna en otro medio en la que afirmaba que los conceptos de Dios y Patria eran falsos, puras elucubraciones mentales, que además desviaban a los pueblos de la solución de sus problemas por la vía democrática. He leído también con cierta frecuencia escritos en los que se hace una burla del regionalismo paisa, y creo que valdría una reflexión en estricto sentido politológico sobre estas cuestiones, y con espíritu democrático. Es decir, en el terreno en el que estos profesores han planteado sus críticas, el científico-político, sin traer la discusión a un campo teológico en el cual no me siento suficientemente preparado para argumentar a favor o en contra por no ser esa la especialidad a la cual me he dedicado.


En primer lugar, hay que decir que una de las bondades de la democracia es permitir que la gente crea lo que quiera en religión mientras no afecte los derechos de los otros. No es pues, automáticamente malo creer en Dios por lo tanto para los ciudadanos porque algunos expertos en la democracia no crean en él. No hay pruebas de que esto perjudique los objetivos de la democracia. Incluso hay la sospecha, tampoco demostrada pero probable, de que la creencia en unos principios morales-religiosos, como la justicia y la igualdad, que en muchos aspectos coinciden con los objetivos de la democracia, puedan ser más benéficos que perjudiciales para ésta.


En lo referente a la patria, hay que tener en cuenta que si bien los nacionalismos han conducido a guerras absurdas, al igual que las religiones, es indudable, y está demostrado, que el sentido de pertenencia a un país genera el llamado Capital Social del que los expertos han dicho depende si una democracia es más o menos gobernable. Hay más tendencia a aceptar las normas, hay más interés en tener mejor gobernantes, incluso existe un mayor compromiso que muchas veces se convierte en heroísmo. En síntesis, salvo aberraciones, el patriotismo es mejor para la democracia que un cosmopolitismo racional, por lo menos para el común de los ciudadanos, que es en lo que se fundamenta el correcto funcionamiento del sistema democrático.


Del concepto de región habría que decir algo parecido. Es verdad que genera divisiones y a veces guerras. Pero, el sentido de pertenencia a un espacio vital inmediato, con unas características culturales afines, genera una emocionalidad conducente a acciones las más de las veces constructivas y excepcionalmente negativas. Una imagen vale más que mil palabras: quienes nacimos en Medellín y ya no vivimos en la ciudad, cuando asistimos a una celebración regional tan característica como es la reciente Fiesta la de las Flores, no nos cabe ninguna duda de que Antioquia ha podido sobrevivir a los grandes problemas que ha tenido debido a un capital social regional creado por las pasadas generaciones y conservado por las más jóvenes con libre y entusiasta voluntad.