Columnistas

Televisión y avances en Londres
Autor: Rafael Bravo
10 de Agosto de 2012


Érase una vez cuando los Juegos Olímpicos podían ser transmitidos en directo por televisión en los Estados Unidos.

Érase una vez cuando los Juegos Olímpicos podían ser transmitidos en directo por televisión en los Estados Unidos. La cadena NBC, dueña de los derechos de transmisión, decidió con cierta razón empaquetar los principales eventos y pasarlos en diferido en un horario que asegura la sintonía: entre las 8 y la medianoche cuando ya los ingleses están durmiendo mientras en los Estados Unidos los televidentes se sientan a la mesa a cenar. Ello se explica por el alto precio que NBC tuvo que pagar por la exclusividad del evento. Mil doscientos millones dólares que se recuperan vendiendo costosos comerciales a los que solo tienen acceso los grandes de la pauta publicitaria.


La estrategia está funcionando muy a pesar del rechazo expresado en redes sociales como Twitter, en donde los insultos y las palabras de grueso calibre en contra de NBC han sido motivo de comentarios y críticas. Vivimos en un mundo totalmente interconectado en donde se puede acceder a internet y disfrutar de casi todo gratis. Solo que esta vez para ver en vivo y en directo lo que está pasando en Londres  requiere de una suscripción de televisión por cable o satélite. Los proveedores están sometidos a pagar por el contenido costos crecientes, lo que sumado a la proliferación de dispositivos de video, los obliga a subir precios como la única forma de proteger los paquetes de programación ofrecidos al público.


Desde ya se vislumbran cambios en el modelo de televisión por cable, que para los expertos es considerado un esquema de negocios obsoleto, pues no ha habido mayores innovaciones en la última década, en un mercado en el que cerca del 80 al 90% de los hogares están conectados vía suscripción. El futuro de las cadenas de televisión, de las compañías de cable y de los proveedores de pague por ver (pay tv) estará atado al “streaming” en línea, que se convertirá en un valor agregado del servicio.


Por otro lado, en los Juegos de Londres han hecho su debut unas innovaciones tecnológicas verdaderamente sorprendentes, en donde se juega con las imágenes en 3 dimensiones que muestran el desempeño de los competidores. El ejemplo que más ha llamado la atención es el medidor de la onda de agua que produce un clavadista al hacer su ingreso a la piscina. Ubicado en un extremo de la pantalla y utilizando colores que van de rojo (una mayor onda), a amarillo y a verde, se puede medir qué tanta agua produce el clavadista, es decir, qué tan vertical y perfecto es el salto.


En natación, las cámaras dispuestas bajo el agua mostraron el movimiento corporal en 360 grados, así como la destreza, velocidad y perfección alcanzada por los deportistas. Cada vez que se proyectaron imágenes de Olimpíadas anteriores, pudimos ver lo simple que fueron esas producciones y el avance tecnológico a que hemos llegado en Londres.


Finalmente, en el aspecto puramente competitivo, si algo dejan estas justas olímpicas, es el dominio de las grandes potencias en los deportes de conjunto y el surgimiento de nuevos protagonistas provenientes de países poco conocidos. Estados Unidos y China de lejos continúan disputándose el primero y segundo lugar, y sorprende el pobre desempeño de Rusia, que siempre ocupó un lugar destacado. El ganador absoluto tiene nombre propio: Michael Phelps, un monstruo del agua que ha pasado a la historia como el héroe muy difícil de destronar.