Columnistas

Sí a una Constituyente
Autor: Mario Arango Marín
4 de Agosto de 2012


Doce de los últimos trece presidentes del Congreso han tenido que rendir cuentas a la Justicia; cuatro de ellos están condenados y una más detenida.

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Con las excepciones de Guillermo Rivera, Ángela María Robledo o Iván Cepeda, el Congreso colombiano, al decir de Juan Gabriel Vásquez, “se mueve entre la corrupción y la incompetencia, entre la frivolidad y la hamponería, (…) se ha convertido en toda una asociación para delinquir, con la que desafortunadamente hay que contar”. Es la perversidad paradójica de burlar la ley sin violarla. El artículo 114 de la Constitución de 1991 lo hicieron trizas los 102 senadores y 166 representantes debido a la incumplida promesa uribista de reformar ese órgano legislativo, el cual riñe hoy con el concepto de genuina democracia. Tal percepción se infiere del seguimiento que hacen el «Observatorio Legislativo» de la Universidad Nacional de Colombia y el programa «Congreso Visible» de la Universidad de los Andes. Quizás la cota más alta de descrédito del legislativo tuvo que ver con la grotesca reforma a la justicia, que más pareció una contrarreforma al Congreso. Y no sólo ella.


Contribuye a ese desdoro, la inoperancia y marrullería de la Comisión de Acusaciones y el manejo de las inhabilidades. Doce de los últimos trece presidentes del Congreso han tenido que rendir cuentas a la Justicia; cuatro de ellos están condenados y una más detenida. Aparte del limbo interpretativo en procesos como la parapolítica, AIS, chuzadas y pérdida de investidura, hábilmente aprovechados por antiguos funcionarios uribistas, el Congreso, a la par del desmonte de la Constitución de 1991 con sus 37 reformas en 21 años, ha quedado en deuda, especialmente, con la salud, la educación y la paz.


Si bien el exmagistrado José Gregorio Hernández afirma que, “hoy una Constituyente ni es conveniente ni es oportuna, porque puede terminar en la eliminación de los principales avances democráticos alcanzados en la Constituyente de 1991”, Juan Manuel Charry replica que “el miedo a Uribe es un pobre argumento porque la Asamblea tendría la competencia, período y composición que determina la ley que lo convoca, y el proceso tendría el control de la Corte Constitucional”. Es importante que se derogue inequívocamente esa reforma, y consolidar un frente ciudadano de largo plazo en defensa de la Constitución. Como dice la profesora Bárbara Barris White, de la Universidad de Oxford, “hay que impedir que la corrupción se siga extendiendo a la evasión fiscal y a la explotación laboral. Se deben frenar esas mafias del privilegio enquistadas en la sociedad”.




Comentarios
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Jorge
2012/08/04 10:51:41 am
La reforma de la justicia es una necesidad vital de la sociedad colombiana, sin embargo una constituyente despues de instalada es incontrolable y el uribismo aprovecharía para demoler la constitución del 91 y establecer un estatuto constitucional inspirado en el autoritarismo. La reelección de Uribe, sería asunto secundario, depués de que tengan un modelo político ajustado a los postulados de Uribe y su guarda pretoriana. La ellección de la misma estaría marcada por la ilusión del retorno de Uribe y dado el alto nivel de aceptación que él tiene en todas las capas de la sociedad colombiana, lograría las mas amplias mayorías.