Columnistas

1783, 24 de julio
Autor: Alvaro T. López
24 de Julio de 2012


La fecha del 24 de julio debe ser para los colombianos ocasión de acción de gracias, por la vida del hombre que concretó la República llevando a feliz término el proceso de nuestra independencia de la corona española.

La fecha del 24 de julio debe ser para los colombianos ocasión de acción de gracias, por la vida del hombre que concretó la República llevando a feliz término el proceso de nuestra independencia de la corona española. Libertad es la idea con la que asumimos la gloriosa figura de don Simón Bolívar, nacido hace 229 años. Aunque vino al mundo en Caracas, Bolívar es tal vez el más valioso de los colombianos, no solo por su entrega a la causa liberadora, sino por la magnitud de su talante, que se descubre en sus escritos y por su educación irrevocablemente liberal, reflejada en el sacrificio de una vida de privaciones, para alcanzar el bien invalorable del bienestar de su pueblo, sin esperar recompensas, ni siquiera nuestra gratitud.


Las tres naciones que conformaron el corazón de su obra independentista, están enfermas: las convulsiona un síndrome de falsa democracia que tiene en la incertidumbre de futuro a sus pueblos. Venezuela esta regida por la demencial  personalidad de un hombre que, en su delirio, cree encarnar el genio de Bolívar, mientras cada uno de sus actos parece dictado por los inveterados enemigos del héroe. Ecuador no está mejor en cuanto a su dirección se refiere, aunque el desastre institucional es menor, tal vez porque nunca alcanzó los niveles de bienestar de la otra. No pueden ser bolivaristas las tiránicas acciones de quienes niegan los derechos más fundamentales, las de quienes acallan a las malas a sus contradictores, las de quienes solo les importa su propio bien.


Y Colombia, que tiene la más estable de las democracias entre las tres naciones, también tiene problemas serios, tan serios que no sabemos como van a ser resueltos, sobre todo porque no se ve un accionar encaminado a la superación de nuestras vicisitudes. La clase política está haciendo aguas, se nota en lo que pasa en el Congreso y en las asambleas y en los concejos, que no cuentan con muchas mentes lo suficientemente lúcidas y honestas. El sistema judicial se llenó de malas personas que no anteponen la majestad de la ley a sus propios intereses. El ejecutivo central nos devolvió a los días aciagos de del terrorismo, por cuenta una obsesión traidora de descontinuar esquemas exitosos de seguridad, solo para de destruir a quien fue su mentor.


Bolívar no ganó la guerra. Nos volvió estados, liberándonos del yugo español, pero sus sacrificios no bastaron para cesar la mórbida herencia de corrupción y latrocinio de los invasores; su pensamiento no caló en una clase política que lleva doscientos años de vergonzosa actuación contra los intereses nacionales. Nos queda el consuelo de la esperanza, por el surgimiento de una generación de almas nuevas y comprometidas que comienza a guiar el destino de la Patria. Son dirigentes que creen en Colombia, que garantizan los derechos de los ciudadanos, que predican y aplican la equidad y la inclusión. Comienzan a surgir en la periferia del país y, como el Libertador, cabalgan contra nuestros males. Dios te salve genio libertario.