Columnistas

“Yo ya marqué territorio...”: Patarroyo
Autor: Anibal Vallejo Rendón
17 de Julio de 2012


Lo que faltaba. Acabamos de salir de los “micos” a la reforma de la justicia, y no ha salido la ciudadanía del asombro, cuando aparece de nuevo el científico Patarroyo con sus micos por la notificación del Tribunal Administrativo de Cundinamarca

Lo que faltaba. Acabamos de salir de los “micos” a la reforma de la justicia, y no ha salido la ciudadanía del asombro, cuando aparece de nuevo el científico Patarroyo con sus micos por la notificación del Tribunal Administrativo de Cundinamarca a la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia para que le revoque el permiso para trabajar con monos en su laboratorio de Leticia.

La noticia nos hace recordar que en el Encuentro Nacional de Entidades Protectoras de Animales realizado en Bogotá a fines del año 2004, los asistentes conocimos con estupor una filmación realizada con cámaras escondidas en la Amazonía colombiana, en la cual pobladores nativos de la región (sin distinción de nacionalidad) se dedicaban a la captura de micos en la frontera con el Perú. La descripción de lo allí visto desborda la maldad humana ejercida contra estos indefensos animales para cuya captura hay que descuajar el monte, abrir espacios de hasta 30 metros de diámetro para que el animal remontado en un árbol aislado no pueda evadirse por las ramas de los circundantes. Y a la caída de este la matanza a machetazos de la madre que carga abrazada a su vientre la pequeña cría la cual es llevada a rastras dentro de un costal para ser vendida en el centro de investigación San Juan de Dios (advocación que identificó la sede del instituto y que para nada le sirvió a las miles de víctimas allí recluidas). Para entonces era algo que se comentaba pero que no se había probado. La revista Cambio (22 a 28 de noviembre de 2007 No.751) reveló pruebas del tráfico ilegal de especies, sobre todo de Perú y Brasil,  para el centro de experimentación del científico en Leticia. Para entrar al mundo de la investigación y validar el reconocimiento se parte de los documentos especializados producidos y publicados y las citas hechas en las revistas reconocidas (Nature; Lancet, Vaccine). Yo te cito, tú me citas. Durante muchos años ha sido consentido por los gobiernos que han destinado jugosas sumas para su laboratorio, goza de prestigio en las altas esferas y como expresó al recibir el premio Príncipe de Asturias en 1994: “yo ya marqué territorio…”.  Sí, marcó el territorio, que según tomas aéreas quedó desolado por la tala desbordada en la persecución de los ejemplares por él requeridos. “Llevo cuatro años capturando micos y a veces creo que ya se están acabando”, dijo a la revista uno de los cazadores y luego anotó que “un trabajador  del doctor Patarroyo me paga $50.000 por cada uno. Para evitar sustos a veces envío los micos con mi tío… quien tiene cédula colombiana”. Otro compañero cazador señaló: “lo único que nos interesa es la plata y el doctor Patarroyo paga bien por cada mico”. Estos indígenas viven en Barranquilla, un corregimiento peruano a cuatro  horas de Leticia por el río Amazonas. Fueron publicados datos y opiniones  provenientes de Bon Sitio, Tucano y Yavari, poblaciones del Brasil. De Gamboa y Puerto Alegre en el Perú. Es indignante que estas denuncias que vienen de años atrás, con nombres de funcionarios conocidos que han interpuesto sus oficios para evitar esta depredación y declaraciones incluso de trabajadores del centro de investigación, no hayan puesto término al comercio ilegal. Para esas fechas teníamos el dato de que Corpoamazonía le había otorgado a su fundación permiso para cazar anualmente 800 micos. Y lleva más de 20 años en su investigación. “No tengo ninguna contradicción entre la investigación científica y la protección del medio ambiente, y menos con los micos que para la humanidad, en este caso, han sido tan valiosos”. ¡Hasta cuándo! Patética la imagen del científico cargando un miquito, uno de los miles que han pasado por su centro de investigación. Y del centro de reproducción que prometió, ¿qué?