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Pensar en algo m醩...
Autor: L醶aro Tob髇 Vallejo
17 de Julio de 2012


Poner a los colombianos en funci髇 de buscar caminos alternativos a solo el combate, es el sue駉 de casi todos los compatriotas.

Poner a los colombianos en función de buscar caminos alternativos a solo el combate, es el sueño de casi todos los compatriotas. Pero ese sueño está convertido en una pesadilla, no de 60 años, sino desde la llegada de los españoles, quienes se dedicaron a arrasar hasta con el nido de la perra para colonizarnos. A la vez que a través de la vida colonial y republicana fueron discriminados y atropellados en sus derechos humanos. Desde allí la carga de resentimiento de nuestro pueblo indígena.


Colombia ha sido un país de discriminación, por eso es que para cada segmento de la población se tienen que formular políticas públicas, porque en nuestro lastre del desarrollo como nación las etnias indígenas y afro-descendientes apenas lograron tener reconocimiento a partir del cambio constitucional del 91. A ellos se les debe añadir la infancia y adolescencia, los adultos mayores y las mujeres, quienes todavía son atropellados en sus derechos fundamentales, así estén formuladas las leyes que los protegen.


Pensar en la paz sin inversión social es una utopía. Estamos de acuerdo en algo con el ex presidente Uribe, la seguridad hay que fortalecerla y combatir a los grupos al margen de la ley, pero a la par, a las comunidades se les debe garantizar el bienestar básico para su desarrollo. Educación, salud, servicios públicos, trabajo y recreación con calidad. Eso solo se logra con inversión social.


En el tema de educación, no podemos seguir bajo el modelo de la eficiencia de estudiante por metro cuadrado de aula, solo para hinchar el pecho mostrando cifras importantes de incremento en la cobertura educativa y cero analfabetismo, mientras que el mismo ministerio del ramo reconoce que existe una brecha importante en la calidad de la educación entre el sector público y el privado, y entre el urbano y el rural. Una educación sin calidad en los niveles precedentes a la formación universitaria, es un lastre que los estudiantes llevarán el resto de sus vidas y les limitará su desempeño.


Hablar de la salud es llover sobre mojado. En las últimas semanas los medios han sacado a relucir el fracaso del modelo colombiano. Falta es tomar la decisión política para realizar la transformación del mismo. Pero pasará mucha agua bajo el puente, porque detrás de la salud, al igual que en la guerra, hay muchos intereses creados que no les conviene el cambio.


El marco normativo colombiano es bastante robusto. La ley tiene como objeto solucionar los problemas sociales (en todas sus manifestaciones), ellas pasaron por el control constitucional.  ¿Pero son eficientes? ¿Las entidades encargadas de ponerlas en marcha y/o hacer control tienen el suficiente músculo operativo para ello?


¿Seremos capaces de pensar en algo más que en la guerra?


¿Seremos capaces de pensar en algo más que solo el bienestar del “yo con yo”?


¿Seremos capaces de pensar en algo más que en el diagnóstico del problema y empezar a actuar para la verdadera transformación del país?


¿Seremos capaces de pensar en algo más allá que en el “patrón del mal”, “sin tetas no hay paraíso”, “el cartel del sapo” y venderle a la nación una nueva Colombia?