Columnistas

Vergüenza y reconocimiento públicos
Autor: Sergio Prada
11 de Julio de 2012


El pasado 28 de junio, el Ministerio de Defensa condecoró en Barranquilla a Héctor Niño y Wílder Escobar, los patrulleros de la Policía que hicieron parte del puesto de control de tránsito que detuvo al senador sucreño Eduardo Carlos Merlano

El pasado 28 de junio, el Ministerio de Defensa condecoró en Barranquilla a Héctor Niño y Wílder Escobar, los patrulleros de la Policía que hicieron parte del puesto de control de tránsito que detuvo al senador sucreño Eduardo Carlos Merlano el pasado mes de mayo. El escándalo del señor Merlano, recordemos, surgió por rehusarse a someterse a un examen de alcoholemia con el argumento de que a él no le aplicaba la regla por ser congresista. De no ser por el video que circuló por las redes sociales, en lugar de recibir una condecoración, los agentes Niño y Escobar estarían hoy desempleados, y el Comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla de aquel entonces estaría muy tranquilo en su puesto.


Es una lástima que esta condecoración haya pasado casi inadvertida en los medios de comunicación, y es también una lástima que el Ministerio de Defensa y la Policía dejen pasar una oportunidad de oro como esta para generar una campaña masiva de medios. Hay valiosos elementos simbólicos en la acción de Niño y Escobar, que bien explotados en los medios podría influir positivamente en el país.


En primer lugar y desde un punto de vista meramente económico y de políticas públicas, el castigo que representa la vergüenza pública es altamente eficiente. A cero o casi cero costo, cambiar comportamientos anti sociales es posible cuando el mecanismo a través del cual se hace pública la ofensa es lo suficientemente influyente como para causar repudio social. El costo es cero o casi cero para la sociedad porque se evita involucrar al sistema judicial y al sistema penitenciario, los cuales ya sabemos son lentos, costosos, difíciles de navegar y tienen serios cuestionamientos en su legitimidad.


Encuentro otros dos elementos simbólicos en la acción de estos agentes, dignos de divulgar con mayor énfasis en los medios. Uno se refiere al mensaje “las reglas son para todos”. El otro es “hacer cumplir las reglas merece el reconocimiento de todos”. Esto último, siempre y cuando las reglas sean racionales y bien fundamentadas, y aquellos que las hacen respetar lo hagan con respeto y a cabalidad.


Existe suficiente evidencia académica en cuanto a los efectos que los grupos, los amigos y los colegas ejercen sobre las acciones que a diario tomamos. Existe también suficiente evidencia respecto al papel que juegan los medios en cambiar comportamientos. Vergüenza y reconocimiento público es una fórmula de política pública eficiente, probada en otros países, y aun por explotar con mayor fuerza en Colombia.