Editorial

El valor de los indígenas del Cauca
10 de Julio de 2012


Contra la insania cobarde de las Farc, la resistencia indígena resulta invencible por el número de los participantes y por la autoridad moral que los anima.

Ayer se cumplió un año del cobarde ataque de las Farc al municipio de Toribío, donde lanzaron un bus escalera cargado de explosivos contra el cuartel de Policía, con saldo de 4 muertos, 80 heridos, 97 casas destruidas y 180 averiadas. En honor de las víctimas, las autoridades civiles y la comunidad – fundamentalmente indígena - habían organizado actos conmemorativos, pero los hostigamientos de los últimos días por parte de los terroristas lo impidieron. Más grave aún – según leímos en la web de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC – es que a la par con los hostigamientos contra la fuerza pública ha venido la supuesta “orden perentoria” de abandonar el municipio de Toribío “pues quieren borrar del mapa este pueblo”, denuncia un dirigente Nasa.


Muchos habitantes de la zona urbana han abandonado sus viviendas y buscado refugio en albergues que las autoridades civiles y raciales tienen preparados de tiempo atrás, dada la frecuencia con que Toribío es víctima de ataques. Su alcalde, Ezequiel Vitonás, lleva la tétrica estadística de 450, entre “tomas”, ataques y hostigamientos de la narco-guerrilla en la última década, diez de los cuales en lo que va de este año. El domingo pasado, uno de los ‘tatucos’ lanzados contra la policía y el ejército cayó sobre el centro de salud y causó heridas a cinco personas del equipo médico, en una clara violación del Derecho Internacional Humanitario. 


Toribío es apenas uno de los blancos principales de las Farc en su afán de recuperar un dominio territorial sobre una región que de mucho tiempo atrás ha sido fundamental para su negocio del narcotráfico. En el último mes, también han sido escenario de enfrentamientos Miranda, Argelia, Jambaló, Suárez y el Naya. Es bien sabido que el norte del Cauca ha sido una especie de “enclave histórico” y un corredor estratégico para el tránsito de drogas, armas y vituallas. Los caucanos, y especialmente las comunidades indígenas de esa azotada región colombiana, echan de menos acciones contundentes de las Fuerzas Armadas como la Operación Gibraltar, que en 2008 causó 20 muertos en las filas del sexto frente de esa organización terrorista.


Pese a encontrarse en mitad de los combates entre las fuerzas del orden y los terroristas, y de ser víctimas de asesinatos, desplazamiento y reclutamiento forzados por parte de las Farc, las comunidades indígenas del Cauca siempre han dado ejemplo de coraje en defensa de sus resguardos, de fidelidad a sus principios y cultura ancestrales. Este mes se están cumpliendo precisamente once años del asesinato por parte de esa guerrilla de Cristóbal Secué Tombé, distinguido por la Unesco como “sabio de la humanidad”, fundador, con otros líderes, del Consejo Regional Indígena del Cauca, del que fue presidente en dos oportunidades.


Ayer optaron por una salida aparentemente desesperada, dentro de su muy reconocida “neutralidad” frente a los llamados “actores del conflicto”.  Mientras cerca de 300 indígenas desmontaban las trincheras que la Policía y el Ejército habían instalado cerca al cuartel ubicado en la plaza principal de Toribío, un millar de ellos emprendieron una marcha hacia la zona rural en busca de los jefes de las Farc para decirles “no más”. En palabras de Feliciano Valencia, autoridad indígena de la zona y dirigente del CRIC: “Vamos por los campamentos. Les vamos a decir: ‘levántenlos o si no nosotros los vamos a levantar’ y no nos vamos a mover de ese sitio hasta que ellos cumplan esa exigencia que está planteando la comunidad”.


Es un hecho inédito que el Gobierno y el país tienen que examinar concienzudamente. Nosotros pensamos que esa actuación de la dirigencia indígena del Cauca encaja correctamente con los fines del Estado y, de tener éxito, como deseamos, estaría coadyuvando de manera positiva a los planes del gobierno y sus fuerzas armadas. La resistencia pacífica no es camino fácil, como lo demuestra la historia de los países donde han triunfado movimientos con esa característica. Pero contra la insania cobarde del enemigo, aquella resulta invencible por el número de los participantes y por la autoridad moral que los anima.