Columnistas

Balance tanguero
Autor: Rodrigo Pareja
10 de Julio de 2012


Se cumplió otra versión del festival de tango de Medellín, certamen organizado cada año por el mes de junio para rememorar la muerte trágica de Carlos Gardel, y en honor a la verdad hay que decir que esta vez en la parte artística

Se cumplió otra versión del festival de tango de Medellín, certamen organizado cada año por el mes de junio para rememorar la muerte trágica de Carlos Gardel, y en honor a la verdad hay que decir que esta vez en la parte artística una sola agrupación lo rescató de la mediocridad que ha sido su constante.


Nos referimos a la orquesta uruguaya de Nelson Alberti, integrada por diez músicos y tres cantores – Jorge Laguzzi, Víctor Salas y Ricardo Duart – quienes interpretan al mismo ritmo del inmortal Juan D’ Arienzo, traída a la ciudad en un esfuerzo conjunto de los organizadores del festival y del empresario del Patio del Tango,  Luis Guillermo Roldán.


Agrupación que puede catalogarse como la mejor que en materia tanguera haya actuado en Medellín en los últimos 30 años, y cuyas actuaciones justificaron – ellas solas – la realización del festival en este 2012.


Deplorable que tanto en el Teatro de la Universidad de Medellín donde compartió con el Quinteto Avellaneda y los vocalistas Luis Correa y Jorge Guillermo, y en su última actuación de despedida, quienes fungían de animadores (?) no hubieran estado a la altura que ameritaba el espectáculo.


En el teatro universitario estuvieron en fuera de lugar unas declamaciones que nada tenían que hacer allí, y sobre todo, además de equivocaciones imperdonables, inventar ante un público conocedor historias falsas, como esa del romance sostenido por Celedonio Flores y Azucena Maizani.


También en la última actuación de la brillante orquesta de Alberti, la animación y la producción de Telemedellín no fueron las que se necesitaban. Hubo desconocimiento absoluto de lo que se animaba y una persona que ilustrara con suficiencia acerca de los temas que iban a interpretarse.


En la parte técnica se mantuvo por mucho tiempo al aire una música de fondo en los intervalos de actuación de la orquesta, y al fondo una pantalla gigante que distraía al televidente con imágenes que nada tenían que ver con el espectáculo central.


Estas fallas, sin embargo, no alcanzaron a empañar las estupendas presentaciones de la orquesta uruguaya de Nelson Alberti, la cual suscribió tarjeta de invitación para futuras presentaciones en esta ciudad, que reconoció sin avaricia su calidad y sobre todo esas esencia tanguera que tanta falta estaba haciendo.


Otra falla fue haber desaprovechado la presencia del Quinteto Real –una sola actuación y pare de contar – cuando en realidad se trata de un conjunto excepcional, además vinculado en forma simbólica a ese monstruo que es Horacio Salgán, uno de los cuatro o cinco pianistas más grandes del tango en toda su historia.


En la parte académica se tuvo una vez más la presencia invaluable del escritor, poeta e investigador Ricardo Ostuni, quien con su vasto conocimiento dictó conferencias en la Biblioteca Pública Piloto y la biblioteca “Marco Fidel Suárez”, de Bello, confirmando una vez más que en estos menesteres culturales referidos al tango es figura de primerísimo nivel.


Siendo todas sus disertaciones excelentes, resultó magistral la de Bello dedicada a la poesía culta en el tango, un delicioso recorrido en el que entremezcló citas y anécdotas de Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, por ejemplo, con Santos Discépolo, Homero Expósito y Francisco García Jiménez, sin omitir al legendario y cenital poeta argentino Evaristo Carriego.


El festival de este año, cuyos organizadores volvieron a caer en el error monumental de traer conjuntos depredadores del tango y en seguir privilegiando el baile sobre los músicos y cantores, se justificó en lo artístico y realmente tanguero por la orquesta de Nelson Alberti, El Quinteto Real, El Quinteto Avellaneda, con sus vocalistas Laura del Río, Luis Correa y Jorge Guillermo, y por Ricardo Ostuni en el aspecto académico y cultural.