Columnistas

Callémonos por un momento
Autor: Bernardo Trujillo Calle
7 de Julio de 2012


La radio se ha empecinado en repetir incansablemente cada minuto las noticias sensacionales, adobadas de hipérboles de la cosecha de locutores.

Se ha dicho por tiempos que los medios son el cuarto poder, bien entendido que el ejecutivo, el legislativo y el judicial completan el número. La frase que es de cajón, cobra importancia en circunstancias como las que acabamos de vivir con el ya enterrado acto legislativo de la reforma judicial calificado con razón de engendro.  De haberse aprobado como salió de la repudiable conciliación, hubiera sido una catástrofe institucional, algo así como el descuartizamiento del Estado de Derecho y la instauración del gobierno de los mafiosos.  Se comenta que había para esa noche anunciadas celebraciones en grande con la llegada de los presos que tenían listas las maletas y comprados los pasajes.  Fue, como lo dijo Santos, una conciliación dictada desde la Picota.


Pero decía que los medios, de tanto hacerse sentir, se han convertido en una pesadilla para los escuchas. La radio se ha empecinado en repetir incansablemente cada minuto las noticias sensacionales, adobadas de hipérboles de la cosecha de locutores.  Se han hecho, en verdad, insoportables.  Me decía un amigo adicto a la radio que oyó más de 60 veces en el día la misma noticia, hasta cuando no pudo más y apagó.  Sin contar las que la vio y oyó por televisión.  Eso, sencillamente, enajena mental y políticamente un país, por cuerdo que sea.


No se quedan atrás los llamados analistas de los hechos políticos, los mismos engreídos personajes que pontifican e imparten bendiciones y excomuniones a discreción.  Esta semana les correspondió a tres de cuatro muy conocidos que tomaron al Presidente por su cuenta para descuerarlo porque sí y porque no. A raíz de un reportaje concedido a El Tiempo, todo lo que allí dijo, aún lo más sensato, les pareció acto de desgobierno o de disculpa. No les faltó sino haberlo tildado de cobarde por no aceptar la pelea que le tiene armada el expresidente Uribe desde su imparable twitter. Fue tan visible la vesania demostrada, que al único panelista defensor del Presidente apenas sí lo dejaron modular. Para decirlo con las palabras completas, no lució bien la desmesurada acerbía en la cual colaboró la moderadora. Si hasta se minimizó y trató de ridiculizar los muy importantes logros que el Presidente enlistó en su entrevista.


Yo no había leído el reportaje hasta el día siguiente. Me sorprendió la caprichosa, tergiversada y qué se yo, absurda interpretación que se le dio a las palabras de Santos. Jugaron haciendo malabarismo ideológico con lo que fue una llana conversación sostenida con la periodista, en la cual reconoció haber incurrido en un grave error, subsanado en buena parte con la decisión final de enviar la reforma con objeciones a la Corte Constitucional.  Pero tampoco esto les satisfizo a los panelistas que hallaron en el acto de salvación del Estado de Derecho la comisión de otro desafuero legal.  Me reafirmo: los medios, pero más el hablado, tienen muchísimo de bueno, no todo, claro.  No podemos aceptar los colombianos su gobierno, por ilustrados y oportunos que resulten ser en momentos cruciales en que actúan como guardametas de la democracia.  Hasta allí, vaya.  Pasada la raya, el terreno que pisan deben andarlo con pies de plomo.


Y vuelvo con el Presidente para repetir que no ha sido mi santo de devoción.  Hubiera querido el triunfo del candidato liberal.


Con todo, su gobierno es respetuoso de los otros partidos y de mayor vuelo en la construcción de la convivencia ciudadana, en la defensa de la democracia, en la proyección de grandes obras materiales y en la sintonía con los demás países, que el anterior de Uribe.  En una palabra: mejor presidente que candidato.


P.S.  El grupo político que lanzaron anoche Uribe y Londoño, con pretexto y nombre equivocados, va en pos de levantar banderas sectarias de extrema derecha contra el gobierno. Hay que abrir el ojo.


¿Y qué dicen en Bogotá los jefes liberales de este despelote en que anda el partido?  ¡Hombre, Simón, despertá!